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Si 2025 fue el año de los retiros de longevidad y las desconexiones digitales, en 2026 la atención se desplaza hacia algo más esencial: volver a los elementos. Agua fría, fuego de leña, agotamiento físico y rituales ancestrales ganan terreno en el mundo de los viajes. Así lo reflejan los últimos informes de tendencias de plataformas turísticas y organizaciones de bienestar, donde la conexión con la naturaleza, la liberación física y el significado cultural ocupan un lugar central. El wellness ya no gira únicamente en torno a optimizar y medir, sino a experimentar, incluso cuando esa experiencia resulta incómoda o desafiante.
1. La liberación emocional como terapia
Todo comenzó con un experimento llamativo en Japón, pero se está consolidando como una tendencia destacada en el ámbito del bienestar. En 2008 abrieron en Tokio las primeras “rage rooms”, espacios donde empleados de oficina sometidos a altos niveles de estrés podían romper vajillas para liberar tensión.
Ahora, en un contexto marcado por las secuelas de la pandemia, las tensiones políticas y la ansiedad climática, el concepto se extiende por todo el mundo. En grandes ciudades se organizan “clubes de gritos” al aire libre, mientras que algunos retiros en plena naturaleza invitan a los participantes a partir leña con mazas como forma de descarga física. La idea de fondo es clara: expresar las emociones de forma segura y controlada es más saludable que reprimirlas.
2. Glowcations: la estética como destino de viaje
Tras la tendencia de la longevidad del año pasado —centrada en vivir más y mejor—, en 2026 el foco se desplaza hacia las llamadas glowcations, viajes en los que el cuidado de la piel y los tratamientos estéticos se convierten en el eje central de la experiencia.
En este contexto, Seúl se consolida como capital mundial de la belleza. Cada vez más viajeros combinan turismo con glass skin facials, microneedling, análisis capilares y planes personalizados, reflejo de una industria donde la K-beauty sigue marcando el ritmo e imponiendo su influencia a escala global.
3. Vacaciones deportivas como prueba personal
El running y las competiciones de fitness como Hyrox siguen creciendo, y eso se refleja claramente en la forma de viajar. Cada vez más personas organizan sus vacaciones en torno a un reto deportivo, desde triatlones Ironman hasta las grandes maratones urbanas de Londres, Boston, Tokio o Berlín. La maratón de Nueva York, que recorre los cinco distritos de la ciudad, continúa siendo uno de los dorsales más codiciados del mundo. Viajar ya no es solo desconectar: para muchos, es también ponerse a prueba y superarse.
4. Wellness elemental: agua, fuego y frío
Las saunas urbanas y los baños de hielo ya fueron tendencia el año pasado, pero en 2026 los viajeros van un paso más allá y se adentran en plena naturaleza. Sumergirse en lagos glaciares, relajarse en baños geotérmicos o disfrutar de aguas termales naturales con vistas a montañas o campos de lava se convierte en la nueva forma de desconexión. Islandia sigue siendo el destino estrella, aunque otros paisajes salvajes también responden a esta búsqueda de bienestar puro y esencial.
5. Wild wellness: dormir offline en plena naturaleza
Volver a la naturaleza también implica apostar por alojamientos más sencillos y desconectados. Yurtas, pods, cabañas de pastor o pequeñas casas en el bosque —preferiblemente sin wifi— ganan popularidad entre quienes buscan algo más que una escapada convencional. La tendencia apunta a desconectar de las pantallas para reconectar con el silencio, el paisaje y los ritmos naturales.
Los operadores especializados en estancias off-grid confirman un notable aumento de reservas, señal de que cada vez más viajeros priorizan la desconexión real y el contacto directo con el entorno frente al confort tecnológico.
6. Bienestar en alta mar
Los cruceros fueron durante mucho tiempo sinónimo de abundancia y exceso, pero ahora también atraen a viajeros centrados en el bienestar. Lo que antes era un simple spa complementario se transforma hoy en programas integrales de salud y equilibrio incorporados al propio viaje.
Desde clases de yoga y talleres de mindfulness hasta conferencias impartidas por expertos, el wellness en alta mar evoluciona y se consolida como un concepto de viaje en sí mismo, donde el descanso físico y mental ocupa el centro de la experiencia.
7. Wellness solo para mujeres
Junto a los retiros individuales, crece también la oferta de viajes de bienestar en solitario dirigidos a mujeres. Estas propuestas combinan tiempo personal con oportunidades de networking accesible y sin presión, en entornos cuidados y seguros.
Las sesiones de yoga, los ejercicios de respiración y los talleres prácticos se complementan con encuentros informales entre personas afines. La clave está en la conexión auténtica, pero sin competitividad ni exigencias externas.
8. Volver a la tradición
Al mismo tiempo, crece la necesidad de experiencias con significado. Los viajeros no solo quieren relajarse, también quieren comprender el lugar que visitan. En México, por ejemplo, algunos participan en una ceremonia de temazcal, un antiguo ritual maya en el que el calor y las hierbas aromáticas se utilizan para purificar cuerpo y mente. En otros destinos, los visitantes descubren medicinas tradicionales transmitidas de generación en generación.
Todo ello refleja un cambio más amplio: el wellness ya no gira únicamente en torno al individuo, sino también al vínculo con el entorno. Menos aislamiento, más conexión. Menos comodidad artificial, más naturaleza. Todo apunta a que 2026 será el año en que el bienestar vuelva a tener, literalmente, los pies en la tierra.















