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Las legiones del Imperio Romano eran famosas por su disciplina, organización y capacidad estratégica. Entre la tradicional fundación de Roma en 753 a.C. y la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 d.C., los generales romanos llevaron a cabo innumerables campañas y cientos de batallas. Muchas de ellas terminaron en victorias gloriosas, pero pero no siempre fue así. Estas tres batallas figuran entre las mayores derrotas militares de la historia romana.
1. Carrhae (53 a.C.), Roma derrotada por la caballería parta
En 53 a.C., Marco Licinio Craso, gobernador de Siria y uno de los hombres más ricos de Roma, invade el Reino Parto con siete legiones. Los partos ya llevaban tiempo sumidos en una guerra civil prolongada, y Craso esperaba una victoria rápida.
Confiado, ignora las advertencias de sus generales y aliados. En cambio, sigue el consejo de un jefe local, Ariamnes, y hace marchar su ejército directamente por el desierto. Más tarde se descubrirá que Ariamnes había traicionado a los romanos, entregándolos a los partos.
El 9 de junio de 53 a.C., los exploradores romanos avisan de la proximidad de un ejército parto. Sin embargo, en la llanura abierta, los legionarios pesadamente armados resultan incapaces de hacer frente a la caballería ligera parta, que dispara flechas de manera constante manteniéndose siempre fuera de su alcance.
Ni siquiera la famosa testudo, la formación de escudos romana, ofrece protección contra la lluvia incesante de flechas. El escritor romano Plutarco, en Vidas Paralelas, describe cómo “los escudos de los legionarios quedaban clavados a sus cuerpos por las flechas, y los hombres apenas podían moverse. Sus pies estaban literalmente fijados al suelo por las flechas”.
Los partos evitan un ataque directo y continúan agotando a sus enemigos. Al caer la noche, los romanos intentan retirarse. La campaña termina en desastre: solo unos 10.000 soldados logran regresar, mientras decenas de miles mueren o son capturados.
2. Cannae (216 a.C.), la magistral envolvente de Aníbal
En 218 a.C. estalla la Segunda Guerra Púnica entre Cartago y la República Romana. El general cartaginés Aníbal cruza los Alpes con sus elefantes de guerra y avanza hacia Roma. Los romanos reaccionan con sorpresa y marchan al encuentro del enemigo. Sin embargo, Aníbal ya derrota a los romanos en Trebia y Trasimeno, aunque su victoria más grande ocurrirá en 216 a.C. en Cannae, al sur de Italia.
El cónsul romano Cayo Terencio Varrón dispone de un ejército más numeroso que el de Aníbal. Aun así, el general cartaginés tiene un plan audaz: coloca su infantería en forma de arco en el centro de su ejército y la hace retroceder lentamente durante la batalla.
Los romanos avanzan cada vez más, justo como Aníbal había previsto. Mientras ellos progresan, la caballería y la infantería cartaginesa atacan por los flancos. Los romanos quedan completamente acorralados.
El resultado es una de las victorias tácticas más famosas de la historia militar. Se estima que entre 50.000 y 70.000 soldados romanos mueren en la batalla. La derrota conmociona al mundo romano y varias ciudades italianas cambian temporalmente de bando, pasando a apoyar a Aníbal. No será hasta catorce años después, en la Batalla de Zama (202 a.C.), que los romanos logren derrotar definitivamente a Cartago.
3. El bosque de Teutoburgo (9 d.C.), desaparición de tres legiones
En la primavera del año 9 d.C., el gobernador romano Publio Quintilio Varo entra en Germania con tres legiones. La región estaba oficialmente bajo el control de aliados de Roma, pero bajo la superficie crecía la resistencia. Uno de esos aliados era Arminio, líder de los queruscos. En secreto, Arminio forja una coalición de tribus germánicas para acabar con la dominación romana.
Cuando Varus más tarde ese año decide regresar a su campamento invernal en el Rin, Arminio le aconseja tomar un camino más corto a través del bosque de Teutoburgo. Varus confía en él y sigue su recomendación.
La columna romana, compuesta por unos 18.000 hombres, serpentea durante kilómetros a través de un bosque denso y terrenos pantanosos. La ruta estrecha hace imposible desplegar las legiones en formación de combate.
De repente, los guerreros germánicos atacan desde el bosque. Los romanos son emboscados y diezmados durante tres días. En un estrecho paso entre una colina y un pantano, los germanos habían construido un largo terraplén de tierra desde el cual hostigaban a los legionarios.
La emboscada termina en catástrofe: tres legiones completas son aniquiladas, y solo un pequeño grupo logra llegar vivo al Rin. La derrota tiene consecuencias enormes: Roma abandona en gran medida sus planes de conquistar Germania de manera permanente y estabiliza su frontera a lo largo del Rin.
















