En la búsqueda de vida extraterrestre, los científicos suelen centrarse en planetas situados en la llamada zona habitable de su estrella. Se trata de la distancia justa en la que ni hace demasiado calor ni demasiado frío, lo que permite la existencia de agua líquida, una condición clave para la vida tal y como la conocemos.

    El Sol cumple ese papel en la Tierra: proporciona el calor necesario para mantener los océanos en estado líquido. Si un planeta está demasiado cerca de su estrella, como ocurre con Mercurio, las temperaturas son insoportables. Si está demasiado lejos, como Neptuno, el frío es extremo.

    Durante mucho tiempo, parecía lógico pensar que la vida solo podía existir en las proximidades de una estrella. Sin embargo, nuevas investigaciones están empezando a cuestionar seriamente esa idea.

    Incluso sin estrella, un mundo puede ser habitable

    Un estudio de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y del Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics, publicado el mes pasado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, plantea una posibilidad sorprendente: la existencia de vida en lunas de los llamados planetas errantes.

    Estos planetas no orbitan ninguna estrella, sino que vagan libremente por el espacio. Se cree que fueron expulsados durante la formación de sus sistemas planetarios originales. A primera vista, estos mundos parecen demasiado fríos y oscuros como para albergar vida.

    Sin embargo, los científicos no descartan que estos planetas tengan lunas propias, y es precisamente ahí donde la cosa se vuelve realmente interesante.

    Bajo el hielo: océanos ocultos en exolunas

    Estas lunas, conocidas como exolunas, se encuentran en entornos de frío extremo. Sin embargo, eso no significa que estén completamente congeladas. Según los investigadores, podría existir un océano líquido bajo su superficie.

    La clave está en un fenómeno llamado calentamiento por mareas. Cuando una luna orbita su planeta en una trayectoria elíptica, su estructura se deforma continuamente debido a la gravedad. Esa fricción interna genera calor, lo suficiente como para mantener agua en estado líquido bajo el hielo.

    Un proceso similar ocurre en Encélado, una de las lunas de Saturno, donde ya se ha confirmado la presencia de océanos subterráneos.

    Que ese océano se mantenga estable o no depende, en gran medida, de la atmósfera de la luna.

    El hidrógeno como inesperada manta térmica

    En la Tierra, el dióxido de carbono (CO₂) desempeña un papel clave como gas de efecto invernadero. En las exolunas, este gas también podría ayudar a retener el calor, pero estudios anteriores han demostrado que su efecto disminuye con el tiempo, ya que termina condensándose.

    Por ello, en esta nueva investigación los científicos han analizado una alternativa: una atmósfera rica en hidrógeno. Mediante modelos informáticos, concluyen que el hidrógeno puede ser mucho más eficaz a la hora de conservar el calor.

    “Nuestro estudio demuestra que el origen de la vida no necesita necesariamente un sol”, explica David Dahlbüdding, investigador predoctoral y autor principal del trabajo. “Encontramos paralelismos con la Tierra primitiva, donde altas concentraciones de hidrógeno pudieron haber desempeñado un papel importante en el surgimiento de la vida”.

    Un campo mucho más amplio para la vida extraterrestre

    Cuántos planetas errantes existen exactamente, y cuántos de ellos están acompañados por lunas con condiciones adecuadas, sigue siendo una incógnita. Sin embargo, las estimaciones apuntan a que podrían ser muy abundantes en nuestra galaxia.

    Esto implica que el número de posibles lugares donde podría surgir la vida es mucho mayor de lo que se pensaba hasta ahora. No solo alrededor de estrellas, sino también en las regiones oscuras y frías del universo.

    La búsqueda de vida extraterrestre, por tanto, podría estar entrando en una nueva etapa, con un abanico de posibilidades más amplio y, quizá, con muchas más probabilidades de éxito.

    Vía: National Geographic NL
    Traducido y editado por Gustavo Higueruela
    Headshot of Willeke van Doorn
    Willeke van Doorn estudió periodismo, viajó por todo el mundo durante un tiempo y, finalmente, terminó en las redacciones de Quest, National Geographic y Runner's World a través de los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Siente curiosidad por el mundo, prefiere viajar todos los meses y siempre lleva consigo sus zapatillas para correr.