La mayoría de las personas que acuden al cine para una película de Arnold Schwarzenegger saben que el actor suele tener dos facetas: Arnold el actor de acción y Arnold el actor cómico. Fue Arnold el actor de acción quien llamó la atención del mundo por primera vez con Terminator y Predator, y más recientemente con Los mercenarios y Plan de escape. Y Arnold el cómico se dio a conocer con películas como Poli de guardería.

De vez en cuando, Arnold el de acción y Arnold el de comedia colaboran, y obtenemos cosas como True Lies, pero rara vez el Roble Austriaco se aventura más allá de estos límites. Sin embargo, en 2017, Schwarzenegger protagonizó una película diferente a cualquier otra de su carrera.

Si vas a ver Aftermath aka Una historia de Venganza sin tener ni idea de qué trata realmente, es fácil confundirla con un thriller de acción/tiroteo de Arnold Schwarzenegger al final de su carrera. El título ya suena a alta octanaje, y el marketing lo refuerza con una imagen de un Schwarzenegger de aspecto intenso rodeado de fuego y destrucción. Incluso después de leer la sinopsis y descubrir qué es, cualquiera podría esperar una emocionante aventura.

Pero no es eso.

Basada en la historia real de la colisión entre dos aviones sobre Überlingen en 2002, es una reflexión lenta y melancólica sobre el dolor y la culpa. La mitad de la historia sigue a Roman Melnyk, interpretado por Schwarzenegger, cuya familia muere en el accidente (basado en el personaje real Vitaly Kaloyev). La otra mitad se centra en Jacob, interpretado por Scoot McNairy, que era el controlador aéreo en ese momento.

A lo largo de los 90 minutos, vemos el impacto del desastre en ambos hombres. La profunda sensación de pérdida y la lucha por seguir adelante de Roman, junto con el deterioro de la vida familiar y el estado mental de Jacob. Estos dos personajes discurren en paralelo antes de que sus caminos converjan finalmente en el acto final.

Arnold Schwarzenegger interpreta a un padre y marido afligido, un hombre lleno de rabia y tristeza. Eso no es del todo inusual para una estrella de acción, pero Plan de venganza empuja a Schwarzenegger más allá de su zona de confort porque su personaje no tiene dónde canalizar esas emociones. No hay movimiento ni acción, ya que Roman se encierra en una contemplación solemne y una confusión interior.

No es un papel al que el público esté acostumbrado a ver interpretar a Arnold Schwarzenegger en la pantalla. Estos papeles dramáticos e introspectivos no son para él a priori, es casi como si Aftermath quisiera que el público olvidara por completo que Schwarzenegger es un héroe de acción, colocando a su personaje en la inusual posición de no tener ningún poder.

Aunque Arnie ciertamente no sería el candidato más obvio para interpretar a Roman, sus habituales recursos y sus líneas escasas y espaciadas, con gran parte de la emoción que se transmite a través de las expresiones faciales, todo juega a favor de Schwarzenegger. Y eso que "no es, ni mucho menos, la mejor película de Arnold Schwarzenegger", dicen los expertos de Screenrant, pero para cualquiera que crea haber visto todo lo que el actor es capaz de hacer, supone un cambio sorprendente para uno de los rostros más familiares de Hollywood.

Headshot of Joaquín Gasca Calatayud

Joaquín Gasca es experto en deportes de competición, tecnología y motor. Hace un tiempo que colgó las botas de tacos para centrarse en el pádel y el running… cosas de la edad, se queja. Pero también se apunta a cualquier bombardeo que tenga que ver con poner su cuerpo al límite, sea al volante de un Aston Martin o yendo a la oficina en patinete.    

Es muy del Atlético de Madrid, así que cuando futbolistas como Marcos Llorente o Álvaro Morata han protagonizado la portada de Men’s Health, allí estaba él para escribirlas. Acaba de correr su primer maratón para Runner’s World, y como pasa en este universo, ya está buscando el siguiente para bajar de las 3 horas. Si hay que testear cualquier tipo de pala de pádel, vehículo o reloj, no pone problema. Incluso zapatillas. Lo que haga falta en equipación deportiva.    

Joaquín se graduó en periodismo por la USP-CEU en 2013, pero desde 2009, cuando entró en el periódico de la Universidad, ya comenzó a ejercer de “periodista” 360 en digital y papel. Los siguientes pasos de sus casi 15 años de carrera los dio haciendo cultura y deporte en la revista Shangay, hasta que entró en Hearst una semana antes del inicio de la pandemia en 2020. También es profesor de redes sociales y nuevas tecnologías en la Universitas Senioribvs CEU y forma parte del Innovation HUB de Hearst para investigar sobre nuevas tendencias.