A veces, por desgracia, hay que perder algo o llevarse un buen susto para poder apreciar de verdad lo que se tiene. Y, en el caso de Jason Derulo (36 años), fue su cuerpo. Un accidente durante un ensayo de baile para su espectáculo en 2012 le fracturó el cuello. Un accidente que casi lo lleva al borde de la parálisis.

Fue entonces, aunque ya llevaba un tiempo llevando una vida más saludable porque de pequeño fue un niño gordito, que se volvió un auténtico apasionado del fitness. Es más, se le puede encontrar en el gimnasio con tanta frecuencia como sobre el escenario. De hecho, si no hubiera estado ya bien físicamente, el resultado hubiera sido otro mucho más trágico.

"Creo que sobreviví a mi caída porque estaba en buena forma", explicó Derulo. "Siempre me ha gustado hacer ejercicio, pero no me lo tomé tan en serio como después de mi lesión. Se convirtió en una obsesión", añadió. Estar confinado a un collarín durante siete meses durante su recuperación le dificultaba moverse para absolutamente todo, pero Derulo no dejó que eso lo detuviera.

"Quería asegurarme de que mi estado físico estuviera al máximo. Empecé a entrenar un poco incluso cuando no debía. Era frustrante porque no podía hacer las cosas que normalmente hacía. Pero cuando tuve la oportunidad, me lancé a toda máquina, a tope, como un loco", aseguró. Y desde aquel momento, su vida dio un giro de 180 grados.

"Mis ensayos son bastante intensos, lo que pasa factura a mi cuerpo, pero también me hace perder peso, algo que no quiero. Por eso, suelo levantar bastante peso durante esos días y comer más, porque no me gusta estar demasiado delgado. Es algo con lo que siempre lucho cuando estoy de gira", contó a 'GQ'.

"Me levanto sobre las 11:30 o 12 y hago ejercicio. Intento dormir siete horas, pero no siempre lo consigo. Suelo entrenar en ayunas: una hora por la mañana y unos 45 minutos por la tarde. Lo que puedo hacer recién levantado y lo que puedo hacer después de un día ajetreado es completamente diferente. Levantarse con esa energía renovada es insuperable", explicó en el citado medio.

"Creo que ahora me gusta menos el cardio. Simplemente, cada vez me atrae menos. Me gusta mi complexión fuerte, y en cuanto hago demasiado cardio, adelgazo mucho. Es un equilibrio muy difícil para mí, porque me gusta estar grande. Me gusta poder levantar al menos 143 kg en press de banca. En cuanto empiezo a bajar de ese nivel, sé que necesito comer más, sé que necesito retomar el ritmo. Siempre intento ser la mejor versión de mí mismo, en todos los sentidos", añadió el cantante, que ha presumido de músculos estos días en Instagram.

Eso sí, Jason consigue ese cuerpazo y esos abdominales tan definidos también con una estricta alimentación. Aunque lo cierto es que de vez en cuando se da un capricho. Y es que el dulce es una de las cosas que más le gustan.