Hay personas a las que un halago les resbala. Lo escuchan, sonríen, agradecen el gesto y siguen adelante como si nada hubiera ocurrido. Desde fuera, la escena resulta desconcertante. ¿Cómo es posible que alguien no se sienta tocado por un reconocimiento sincero?

La psicología lleva tiempo observando que quienes crecieron con escasos elogios no solo aprenden a vivir sin aplausos. Aprenden a desconfiar de ellos. Cuando el refuerzo positivo fue raro, inestable o inexistente durante la infancia, el cerebro se adapta. Y esa adaptación construye algo más complejo que una simple inseguridad.

La arquitectura silenciosa de la autosuficiencia

En entornos donde el reconocimiento no era habitual, muchos niños desarrollan un sistema interno de validación. En lugar de esperar confirmación externa, aprenden a evaluarse por su cuenta. Fijan sus propios estándares, miden su progreso con métricas privadas y extraen satisfacción de cumplir objetivos que nadie más ve.

Los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, impulsores de la teoría de la autodeterminación, demostraron que la ausencia o inconsistencia de validación externa puede intensificar la motivación intrínseca. Cuando el aplauso no llega, la energía se desplaza hacia dentro. En el ámbito profesional, esto se traduce en autonomía, constancia y capacidad de autorregulación.

El problema aparece en el terreno emocional. Si desde muy temprano se aprendió que la opinión ajena no era fiable, el elogio queda clasificado como un dato secundario. No se integra en la identidad. No sostiene. Se oye, se procesa y se archiva como información no prioritaria.

Ediciones Martínez Roca. Cómo criar niños felices: El método danés para desarrollar la autoestima y el talento de nuestros hijos

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Desde fuera, estas personas parecen sólidas. No buscan aprobación constante. No se derrumban si nadie reconoce su esfuerzo. Pueden realizar un trabajo excelente sin esperar palmaditas en la espalda. Esa imagen proyecta seguridad. En realidad, lo que refleja es un sistema que funciona con combustible propio.

El cerebro que no celebra

La neurociencia aporta otra pieza al puzle. Investigaciones dirigidas por Keise Izuma en la University of Cambridge mostraron que el elogio activa el estriado, una región cerebral asociada al procesamiento de recompensas. Esa activación no es igual en todo el mundo. Quienes tuvieron menos refuerzo positivo consistente durante su desarrollo presentan una respuesta más tenue. El cerebro registra el halago como un estímulo de bajo impacto.

Esta configuración tiene un reverso potente. La autosuficiencia que emerge de esa carencia es real. Permite evaluar el propio desempeño con honestidad y corregir el rumbo sin depender de terceros. Favorece la disciplina y la resistencia ante la falta de reconocimiento. Muchas trayectorias exitosas se sostienen en esa estructura interna.

Al mismo tiempo, esa fortaleza dificulta dejar entrar la mirada del otro. Las relaciones íntimas requieren permitir que la percepción ajena tenga peso. Creer a alguien cuando dice “estoy orgulloso” implica ceder parte del control del propio valor. Para quien aprendió a sobrevivir sin ese apoyo, ese gesto resulta arriesgado.

Nada de esto cambia de un día para otro. No suele haber una revelación súbita que reconfigure el sistema interno. Lo que sí puede ocurrir es una negociación lenta. El reconocimiento específico, coherente y sostenido en el tiempo encuentra más espacio que los elogios grandilocuentes. La repetición de experiencias fiables abre pequeñas grietas en el muro.

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Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad. 

No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.

Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar. 

Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.

Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.