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Cada día, sin darnos cuenta, aceptamos más de lo que realmente queremos. Planes que no apetecen, compromisos que pesan, decisiones que nacen más del miedo que del deseo. Decir sí se ha convertido en una respuesta automática, casi un reflejo condicionado que busca evitar el conflicto y garantizar la aprobación ajena. En ese gesto aparentemente inofensivo se esconde, muchas veces, una renuncia silenciosa a uno mismo.
La dificultad de decir no no responde solo a una cuestión de carácter. Tiene que ver con cómo entendemos nuestras relaciones, con la necesidad de encajar y con el temor a decepcionar. En ese contexto, la reflexión de Paolo Crepet resuena con fuerza: “No puedes pretender encontrar la felicidad si no tienes el coraje de decir que no”. La felicidad también se construye a partir de los límites.
El sí constante como forma de pérdida
Aceptar siempre puede parecer una virtud. Disponibilidad, generosidad, flexibilidad. Sin embargo, cuando el sí se convierte en norma, deja de ser una elección para convertirse en una imposición. Muchas personas acaban atrapadas en dinámicas donde priorizan lo que otros esperan de ellas frente a lo que realmente necesitan.
Según Crepet, este comportamiento responde en gran medida a una dependencia de la aprobación externa. Se dice sí para evitar incomodar, para no quedar fuera, para sostener una imagen. El problema aparece con el tiempo, cuando las decisiones empiezan a alejarse de los propios valores. Entonces surgen el cansancio, la frustración y una sensación difusa de pérdida de control.
Aprender a decir no implica recuperar ese control. Supone reconocer que cada aceptación conlleva una renuncia y que no todas las renuncias merecen la pena.
Decir no como acto de libertad
El no funciona como una herramienta de protección. Protege el tiempo, la energía y la dirección vital. Permite elegir con mayor precisión qué lugar ocupan las personas, los proyectos y las expectativas en la propia vida.
En la mirada de Crepet, este gesto tiene una dimensión profundamente ética. Decir no a lo que no encaja evita construir relaciones basadas en la complacencia y favorece vínculos más honestos. También abre la puerta a decisiones más conscientes, en las que el deseo pesa más que la presión.
Este planteamiento incluye una idea menos evidente: tampoco se trata de complacerse siempre a uno mismo. Aceptarse no significa quedarse inmóvil. El crecimiento personal exige cuestionarse, identificar los propios límites y trabajar sobre ellos. La libertad no es hacer todo lo que apetece, sino saber elegir qué merece la pena.
Crecer también es rechazar
El mensaje adquiere especial relevancia en etapas donde la identidad todavía se está definiendo. En contextos como la escuela, la universidad o los primeros trabajos, la presión por encajar puede llevar a aceptar caminos que no convencen del todo. Decir no, en ese sentido, forma parte del proceso de construcción personal.
La relación entre límites y bienestar puede parecer contradictoria. Sin embargo, cuanto más claro tiene alguien lo que no quiere, más fácil resulta identificar lo que sí le aporta sentido. La felicidad, desde esta perspectiva, no depende solo de las oportunidades disponibles, sino de la capacidad de filtrarlas.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
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Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












