Millones de personas que se despiertan ya cansadas, encadenan tareas con la sensación de no llegar a nada y terminan la jornada con la cabeza llena y el cuerpo en tensión. Se ha convertido en un estado habitual. Una forma de estar en el mundo.

Esa normalización tiene algo de inquietante. El malestar deja de percibirse como una señal de alarma para convertirse en lo normal. El psicólogo Juan Lucas Martín lo resume con claridad: muchas personas han asumido que vivir cansadas o aceleradas forma parte del guion. El problema no es solo el estrés en sí, sino la forma en que se ha integrado en la identidad cotidiana.

El organismo, sin embargo, funciona con otras reglas. Está preparado para responder a situaciones de tensión concretas y después volver a un estado de equilibrio. Cuando esa activación se prolonga en el tiempo, el sistema nervioso deja de distinguir entre amenaza real y rutina diaria. El cuerpo aprende a vivir en alerta. La consecuencia es una sensación difusa de inseguridad que no siempre tiene una causa visible. Todo parece urgente. Todo parece importante.

El cuerpo no se acostumbra, se adapta

Esa adaptación tiene un coste. Vivir en un estado constante de activación implica que el descanso pierde profundidad, que la desconexión se vuelve difícil y que la mente permanece en un bucle de anticipación. Muchas personas describen esta experiencia como estar siempre en “modo supervivencia”. No hace falta que ocurra nada grave para sentirlo. Basta con que la presión se mantenga el tiempo suficiente.

HERDER. La sociedad del cansancio: Cuarta Edición Especial

La sociedad del cansancio: Cuarta Edición Especial

El riesgo está en la invisibilidad del proceso. Al no haber un punto de ruptura claro, el desgaste se acumula sin generar una reacción inmediata. El cansancio persistente, los problemas de sueño o la tensión física aparecen como señales tempranas. Aun así, suelen ignorarse. Se posponen. Se integran en la rutina.

Tres patrones que sostienen el estrés

En la práctica clínica, Martín identifica dinámicas que se repiten con frecuencia. La autoexigencia ocupa un lugar central. La sensación de que nunca es suficiente empuja a mantener un nivel de esfuerzo constante, incluso cuando el cuerpo pide frenar. A esto se suma la hiperresponsabilidad emocional. Hay personas que asumen como propios los problemas de su entorno, lo que amplifica la carga interna.

La tercera pieza es la incertidumbre sostenida. Vivir con la sensación de que algo puede fallar en cualquier momento mantiene al sistema en tensión continua.

Cuando estos patrones se combinan, el equilibrio se vuelve cada vez más difícil de recuperar. El organismo sigue enviando señales, aunque cada vez resulten más fáciles de ignorar. El gran reto, según el especialista, pasa por recuperar la capacidad de escucharlas antes de que el desgaste sea mayor. Reconocer el estrés no como una condición inevitable, sino como una información valiosa sobre los límites propios.

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Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad. 

No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.

Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar. 

Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.

Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.