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Durante siglos, el oro ha sido una de las formas más reconocibles de preservar riqueza. Su valor simbólico y económico atraviesa épocas de prosperidad, crisis financieras y cambios en el sistema monetario global.
En los últimos años, además, ha vuelto a ocupar un lugar central en muchas conversaciones sobre inversión. La inflación, la incertidumbre geopolítica y los cambios en los ciclos económicos han empujado a muchos inversores a preguntarse si el metal precioso sigue siendo un refugio fiable.
La cuestión, sin embargo, no es solo si conviene invertir en oro. También importa cómo hacerlo y con qué horizonte temporal. No es lo mismo buscar movimientos rápidos del mercado que pensar en la preservación del patrimonio a lo largo de décadas.
Para el economista y asesor patrimonial independiente Ernesto Revello, especialista en ciclos macroeconómicos, materias primas y activos alternativos, la clave está en entender que el oro puede cumplir funciones distintas según el instrumento utilizado y la estrategia del inversor.
Según explica Revello, la diferencia fundamental aparece cuando se distingue entre el oro financiero y el oro físico.“Pensando en el oro de papel y el oro físico, el primero permite sacarle provecho a la rentabilidad de corto y medio plazo, hacer tomas de ganancias rápidas, sin tantas fricciones operativas y en minutos”, explica. “El segundo permite protección a largo plazo para dejarle un legado a la familia”.
En los mercados actuales, el llamado oro de papel incluye instrumentos financieros que replican el precio del metal. Pueden ser fondos cotizados, derivados u otros productos negociables. Su principal ventaja es la agilidad operativa. Permiten entrar y salir del mercado con rapidez, algo que encaja con estrategias orientadas a capturar movimientos del precio.
En cambio, el oro físico responde a una lógica muy distinta. Lingotes o monedas forman parte de una visión patrimonial que no se mide en días ni en semanas. Se trata de una reserva de valor que se conserva a lo largo del tiempo y que, en muchos casos, forma parte de una estrategia de transmisión de patrimonio.
Revello insiste en que la diferencia entre ambas aproximaciones tiene que ver con el papel que cada activo ocupa dentro de una estrategia global. “Pensar en el corto y largo plazo es una decisión táctica vs estratégica”, explica. “De manera estratégica se debe mantener una porción en oro físico pensando en el largo plazo, pero de manera táctica se puede tener oro de papel para tomar ganancias en puntos máximos establecidos por el inversor”.
Esa distinción entre táctica y estrategia aparece con frecuencia en la gestión patrimonial. La estrategia define el rumbo general de una cartera y suele mantenerse durante largos periodos. La táctica introduce movimientos más puntuales para aprovechar oportunidades que surgen en determinados momentos del ciclo económico.
En el caso del oro, esta visión implica aceptar una realidad básica de los mercados financieros. “Nadie tiene una bola de cristal sobre cuál puede ser el punto máximo o mínimo de un activo, pero se pueden analizar los ciclos de la economía y el entorno para determinar una tendencia”, afirma Revello. Por ese motivo, una de las decisiones más importantes para cualquier inversor consiste en establecer de antemano sus propios límites. La disciplina en la gestión de las ganancias y de las pérdidas resulta fundamental para evitar decisiones impulsivas.
“Lo que sí puede hacer el inversor es definir cuál es la rentabilidad a partir de la cual se siente cómodo para vender parte de sus inversiones y así obtener realmente la ganancia. Lo mismo puede decirse para las caídas: cuanto es lo máximo que está dispuesto a perder para terminar vendiendo un activo”, explica.
En última instancia, Revello recuerda un principio que suele olvidarse cuando se observa la evolución diaria de los mercados. Las subidas y bajadas que aparecen en una pantalla solo se convierten en resultados reales cuando se ejecuta una operación. “Es importante esto: nadie pierde ni nadie gana dinero si no se vende realmente el activo. Al mantenerlo solo estamos viendo fluctuaciones en una pantalla”, concluye.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
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Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












