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Por si queda alguna duda: la electrificación no tiene por qué apagar el carácter deportivo de un coche. Después de conducir durante varios días el Alpine A290 GT, mi conclusión es sencilla: es uno de esos modelos capaces de sacarte una sonrisa desde los primeros metros. No necesita una potencia desorbitada ni recurrir al ruido artificial para resultar emocionante. Su receta es mucho más inteligente: tamaño compacto, peso contenido, respuesta instantánea y un chasis que convierte cada curva en una invitación a seguir conduciendo.
La versión GT entrega 180 CV y 285 Nm de par, suficientes para acelerar de 0 a 100 km/h en 7,4 segundos. Sobre el papel puede que la cifra no parezca brutal, pero en la carretera la sensación es mucho más intensa con su modo sport. Al pisar el acelerador aparece ese empuje inmediato característico de los eléctricos, una descarga limpia y juguetona que te pega al respaldo y convierte cualquier incorporación o adelantamiento en un pequeño acontecimiento.
Lo mejor del A290 GT, sin embargo, no está únicamente en la aceleración. Se siente ligero, ágil y muy fácil de colocar. Con 3,99 metros de longitud y 1.479 kilos en orden de marcha, resulta notablemente manejable para tratarse de un eléctrico. La dirección responde con precisión, el tren delantero inspira confianza y el coche mantiene esa sensación de control incluso cuando aumentas el ritmo. Es accesible y cómodo durante el uso diario, pero nunca aburrido.
También me ha gustado que Alpine no haya confundido deportividad con incomodidad. El A290 GT permite circular tranquilamente por ciudad, desenvolverse bien en autovía y, cuando llega una carretera secundaria, mostrar una personalidad mucho más traviesa. Sus cinco puertas y cinco plazas aportan una practicidad que no suele abundar en los coches con aspiraciones deportivas, aunque su verdadero argumento no es familiar: es emocional.
Yo que además vivo en Majadahonda, su condición de coche cien por cien eléctrico cobra un sentido especial. La etiqueta Cero facilita los desplazamientos hacia Madrid, permite acceder a sus zonas de bajas emisiones y aparcar gratuitamente, sin limitación temporal, en las plazas verdes y azules del SER. Si puedes cargarlo en casa, su batería de 52 kWh y los hasta 378 kilómetros de autonomía homologada resultan más que suficientes para cubrir los trayectos cotidianos y afrontar escapadas de fin de semana sin demasiadas preocupaciones.
Por todo eso a mí me como segundo vehículo para tener en el garaje. No pretende sustituir necesariamente al coche grande destinado a viajes largos o vacaciones familiares. Su terreno ideal es otro: ir a trabajar, moverse por Madrid, enlazar recados y disfrutar cada vez que aparece una curva. Es práctico donde debe serlo y divertido cuando se lo pides.
El Alpine A290 GT demuestra que conducir un eléctrico no tiene por qué solo estar relacionado cumplir una obligación medioambiental. Puede ser, sencillamente, una forma muy entretenida de moverse. Y ese quizá sea su mayor triunfo.
Joaquín Gasca es experto en deportes de competición, tecnología y motor. Hace un tiempo que colgó las botas de tacos para centrarse en el pádel y el running… cosas de la edad, se queja. Pero también se apunta a cualquier bombardeo que tenga que ver con poner su cuerpo al límite, sea al volante de un Aston Martin o yendo a la oficina en patinete.
Es muy del Atlético de Madrid, así que cuando futbolistas como Marcos Llorente o Álvaro Morata han protagonizado la portada de Men’s Health, allí estaba él para escribirlas. Acaba de correr su primer maratón para Runner’s World, y como pasa en este universo, ya está buscando el siguiente para bajar de las 3 horas. Si hay que testear cualquier tipo de pala de pádel, vehículo o reloj, no pone problema. Incluso zapatillas. Lo que haga falta en equipación deportiva.
Joaquín se graduó en periodismo por la USP-CEU en 2013, pero desde 2009, cuando entró en el periódico de la Universidad, ya comenzó a ejercer de “periodista” 360 en digital y papel. Los siguientes pasos de sus casi 15 años de carrera los dio haciendo cultura y deporte en la revista Shangay, hasta que entró en Hearst una semana antes del inicio de la pandemia en 2020. También es profesor de redes sociales y nuevas tecnologías en la Universitas Senioribvs CEU y forma parte del Innovation HUB de Hearst para investigar sobre nuevas tendencias.














