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A sus 56 años, Roberto Álamo no tiene pelos en la lengua. O quizás nunca los haya tenido y no sea una cuestión de edad. Pero lo que sí aporta el cumplir años es alcanzar la visión y madurez suficientes para afirmar que dos Goya no te cambian la vida, o que tampoco lo hizo trabajar para Pedro Almodóvar. "No aprendí nada", nos llegó a decir. Lo que en realidad le cambió por completo fue la paternidad, como nosotros mismos hemos comprobado en la entrevista que le hemos hecho para Men's Health con motivo de su nueva película 'Días de agosto', donde interpreta a un padre que nada tiene que ver con lo que es él en la vida real.
Una de las reflexiones que deja Días de agosto es lo difícil que es mantener a una familia unida con el paso de los años...
No, mantener unida a una familia no cuesta, pero esa familia en concreto sí, una familia desestructurada donde el padre y la madre se separaron, donde cada uno tiene una pareja, donde el padre no ha tenido la mejor relación posible con el hijo...
La falta de comunicación y cariño a lo largo de los años es lo que hace que padre e hijo tengan una barrera constante, algo de lo que parece que tu personaje se arrepiente. También eres padre en la vida real, ¿temes arrepentirte de algo con tu hijo en un futuro?
Espero que no. Con mis hijos practico la afectividad día a día. Mis hijos lo que más han oído desde que nacieron es "te amo" y lo que más dicen es "te amo". Así que espero que no.
¿Cuánto hay de ti en el personaje de Fernando, el padre de familia de la película?
Si te digo la verdad yo creo que poco. Fernando es una especie de vividor, de un tipo que exprime la vida. Yo no me veo en ese perfil. Obviamente tiene mi voz y mi cuerpo, pero no creo que se parezca excesivamente a mí.
¿Qué tienen los veranos que son tan intensos y experimentamos tantas vivencias?
Las vacaciones y el calor afectan a los cuerpos [ríe]. Salir de ese estrés permanente del trabajo, de la vida cotidiana diaria...
Hablábamos antes de la paternidad. Tú te pusiste Roberto Álamo como nombre artístico, aunque tu nombre es Roberto Martínez. ¿A tu padre le molestó que te quitaras su apellido?
Había un futbolista en los 70 que jugaba en el Real Madrid que se llamaba Roberto Martínez, superfamoso, argentino, y le llamaban, le apodaban Pippi Cazagoles por la serie 'Pippi Calzaslargas'. Y entonces yo pensé: "Ostras, ¿y si alguien de esa generación me llama Pippi o algo así? Tengo que buscarme otro apellido". El Álamo era el pueblo al que yo veraneaba desde que era un niño, vi que sonaba bien y decidí ponerme Roberto Álamo. Me acuerdo que en una comida, teniendo ya 21 años, les dije a mis padres: "Me he puesto Roberto Álamo de nombre profesional". Y la verdad es que no me hicieron ni caso [ríe]. No hubo ninguna discusión, les dio exactamente igual. Pasaron del tema y siguieron hablando de no sé qué. A priori no les afectó para nada.
¿Te cuesta a ti mismo presentarte en tu día a día personal como Roberto Martínez y no como Roberto Álamo?
Mis amigos y la gente que me conoce de verdad me llaman Rober, por lo que en el día a día tampoco tengo mucho problema. Luego está cuando vas al médico o al banco, donde aparece mi nombre real, Roberto Martínez Felipe, y la gente te dice: "Anda, mira, es Roberto Álamo". Pero bueno, lo llevo bien, no me cuesta.
¿Ganar dos Goya te cambia la vida?
No, para nada. Yo seguí siendo el mismo. Mi vida es exactamente igual con mi familia, con mis hijos, con mi chica, con mis amigos... No te cambia nada, al menos a mí.
A la hora de elegir un proyecto, ¿cuánto hay de suerte y cuánto de experiencia para dar en el clavo?
Tengo algunas virtudes, entre ellas que sé más o menos reconocer cuándo hay un buen guion y un mal guion. Otra cosa es que tú puedas elegir. Yo no soy de esos actores superprivilegiados que pueden elegir entre seis proyectos y eligen el mejor. A mí me llegan dos proyectos y tengo que elegir uno de los dos, y si los dos son flojos, tengo que elegir el que mejor me pague. Así funciona la cosa.
Decías en una entrevista que los personajes que haces se quedan contigo y construyen parte de tu personalidad. ¿Hay alguno que te haya marcado especialmente?
Tengo que aclarar que no se quedan en mí todos los personajes, solo los verdaderamente buenos, los que tienen calidad, que son muy pocos. Los demás pasan como una flecha negra en mitad de la noche, rápido e invisible. Hay algunos que sí te cambian, como los que hice en 'Que Dios nos perdone' o 'Antidisturbios', conoces cosas de otras gentes que que puedes aplicar a tu vida o por el contrario puedes desestimar. Sí, los buenos personajes sí te cambian, pero son muy pocos, la verdad.
¿Sientes que la industria ha cambiado mucho desde que empezaste?
Sí, pero como todo en la vida. La técnica ha avanzado muchísimo, los rodajes van mucho más rápidos que antes, se rueda en digital... Pero en lo que es ponerse delante de la cámara, mirar al otro y decirse las verdades a los ojos, ha cambiado poco.
En 2026 se han cumplido 15 años de tu papel en 'La piel que habito'. ¿Qué aprendiste de Pedro Almodóvar? ¿Guardas recuerdos de aquella película?
No muchos, la verdad. Fue una de las películas que te he dicho que pasan como una flecha negra en mitad de la noche [ríe]. Al final tuve cinco o seis días de rodaje, no más, y todo fue muy rápido. No aprendí gran cosa. Tampoco tuve mucha relación con Pedro Almodóvar, se limitó a dirigirme durante esos días. No es ahora mi amigo ni nada de eso.
También se han cumplido 10 años del final de 'Águila Roja'. ¿Echas de menos esas series españolas que enganchaban semanalmente al espectador como antaño?
No lo pienso demasiado porque es parte del cambio de la vida. Antes cuando yo era pequeño vivía en una comunidad donde nos conocíamos todo el barrio, no solamente conocías al de la puerta de al lado, sino a los vecinos de arriba, de abajo, al del último piso, al del piso de enfrente... Conocías a todo el barrio. Y ahora vives en una casa y conoces al de al lado con suerte y poco más. Es el signo de los tiempos, no me paro a pensarlo porque eso no va a volver. No queda otra adaptarse a lo que va viniendo.
¿Te ha costado quitarte el sambenito de tipo duro tanto a la hora de hacer películas como en la vida real?
Es un sambenito que yo no me he puesto, con lo cual no me tengo que quitar nada. Yo no soy un tipo duro, o lo que se entiende por un tipo duro. Nunca lo he sido. Quizás por mi físico o por mi voz, en este trabajo que tengo consideraban que podía hacer determinados papeles, pero es algo que decidieron otros por mí.
¿Te molesta que te lo hayan puesto?
No, no lucho contra eso.
Decías que no cumples con el estándar de tipo duro. Por ejemplo, eres un apasionado de la poesía. ¿Qué despierta en ti?
La poesía es, junto con la música, el más avanzado y estilizado de todos los artes. Vivir poéticamente implica ciertas cosas. La poesía es parte de todos aun ni sabiéndolo. A mí la poesía me ha salvado, me ha ayudado en momentos duros, me ha dulcificado, me ha hecho mejor persona.
Una cosa muy ligada a tu percepción de tipo duro es tu físico. ¿Qué rutina llevas a cabo para mantenerte en forma?
Yo practiqué durante muchos años muchos deportes. Pasé por el fútbol, baloncesto, natación, voleibol, bicicleta... De todo. Cuando me empecé a dedicar a esto en el año 91 ya tenía menos tiempo, así que tuve que dejar la mayoría. Luego recuerdo que en 2008 fue la época en la que tuve que hacer más ejercicio de toda mi vida para representar a Urtain, un campeón de boxeo de los pesos pesados. Me tiré un año entero de lunes a viernes sin faltar un solo día al gimnasio, 5 horas diarias de ejercicio, como preparación. Me puse como una bestia. Y esto era para una obra de teatro, así que tuve que mantener ese cuerpo tan atlético durante 3 años. Terminé la obra de teatro y dos películas más tarde tuve que engordar, por lo que dejé de hacer deporte. En 2014 volví a hacer una obra de teatro donde el personaje de nuevo exigía un físico impactante, por lo cual pasé otro año en un gimnasio poniéndome en forma. Terminé eso y a la película siguiente tuve que engordar de nuevo [ríe]. Fueron unos años locos. Ahora, desde hace un año, tengo a un entrenador personal con el que hago pesas y cardio.
¿No termina siendo agotador tener que estar cambiando de cuerpo cada cierto tiempo en función de la exigencia del guion?
Sí, y tanto. Pero a veces incluso viene bien, porque cuando alguien sin este tipo de trabajo decide empezar a hacer ejercicio, puede llegar a costar más porque no tienes una meta clara. ¿Para qué te vas a poner ejercicio, para estar sano? Para estar sano no hace falta ponerse cachas, hace falta comer bien, tener buenos hábitos... Si no, toda la gente que tiene 96 años y está muy bien serían deportistas natos, y muchos no lo son. Un actor lo tiene más fácil para entrenar, en el sentido de que tiene una meta clara. Por ejemplo, yo sabía que tenía que hacer de un campeón de Europa de peso pesado en boxeo, y teniendo clara la meta, me parecía más sencilla de llevar a cabo. Sabía que había que trabajar duro para lograrlo, pero era para conseguir algo en concreto. Cuando no tienes ese fin concreto, es más difícil porque está todo más en el aire. ¿Cuándo te das por satisfecho? ¿Cuándo cumples el objetivo?
¿Notas el paso de los años al hacer deporte?
No excesivamente. Al principio sí, cuando lo dejas durante años, pero luego cualquier entrenador te dirá que el músculo tiene memoria, y es cierto. Te pones a hacer ejercicio y el músculo recupera más o menos más o menos con cierta celeridad. Ahora estoy en esa fase de adelgazar, de ponerme otra vez en forma.
¿A nivel de alimentación o descanso tienes algún secreto?
Como lo mejor que puedo, no en exceso. Hasta hace dos o tres años yo era muy comilón, y obviamente si eres muy comilón a determinada edad tiendes a engordar sí o sí. Ahora intento comer lo justo para no tener hambre, y lo mejor posible. En cuanto al descanso, también era dormilón. Me podía acostar a la 1 de la mañana y levantarme a las 3 de la tarde tranquilamente [ríe]. Si podía estar más tiempo durmiendo, mejor. Pero a partir de tener hijos todo cambió. Ellos se levantan a las 8 de la mañana todos los días del año para ir al colegio, y desde entonces a las 8 me suena mi despertador biológico y no puedo dormir más. Aunque me haya acostado a las a las 2 de la mañana, a las 8 estoy arriba.
¿Qué más cambios tuviste con la paternidad? ¿Notas que el tiempo pasa más rápido cuando ves crecer a tus hijos?
A partir de los 40 el tiempo pasa rápido para todo el mundo, para bien y para mal. Y cuando tienes hijos, más todavía. La rapidez se multiplica porque ves el paso del tiempo en ellos. De repente pasan dos años y ves a un tipo totalmente diferente que ha crecido un palmo, que le está saliendo barba, bigote, o pelos en el sobaco y piensas: "¿Pero qué ha pasado? Si hace nada estaba gateando".
Sé que eres muy futbolero y muy madridista. ¿Qué esperas de la próxima temporada Del Real Madrid tras dos años difíciles?
Pues si no fichamos a un centrocampista es posible que lo tengamos crudo de nuevo. Y no tiene pinta porque ya sabemos todo lo que ha pasado con Rodri. Si finalmente no fichamos a nadie ahí, yo que no soy creyente empezaré a rezar. Es cierto que en la delantera tenemos a los mejores del mundo, pero sin un centrocampista no hacemos nada. Vi el partido del Teresa Herrera contra el Dépor y me aburrí como un cosaco. Ya sé que aún no están los buenos, como dice Mourinho, pero me aburrí mucho.
Hablando con madridistas, da la impresión de que todos piensan que falta un centrocampista menos quien hace los fichajes...
Sí, aunque es cierto que en un equipo de la entidad y de la grandeza del Real Madrid no es solamente decir: "Bueno, ficho a este que me hace falta". Hay muchos más intereses económicos que no conocemos, se valora mucho la rentabilidad. Lo económico y lo deportivo cuentan de la misma manera.
Hemos hablado de tu pasado y tu presente. Para terminar, una pregunta sobre el futuro. ¿Tienes algún propósito por cumplir a nivel personal y profesional?
A nivel personal, ser el mejor padre y la mejor pareja posibles. Tampoco pido gran cosa. O sí, depende de cómo lo mires. A nivel profesional, la verdad es que nunca he tenido ese tipo de ambición sobre hacer a cierto personaje o trabajar con cierto director. A mis 56 años, lo que quiero es trabajar, que no se acabe el trabajo, que pueda seguir haciendo lo que me gusta. Si llegan personajes interesantes genial, y si no son personajes interesantes, que lleguen también.
Guille Galindo es un periodista especializado en cine, series y entretenimiento, con una amplia experiencia en el sector audiovisual. A lo largo de los años ha llevado a cabo entrevistas a artistas, actores y directores nacionales e internacionales y ha analizado las últimas tendencias de la industria.
Graduado en Historia y Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Guille comenzó su andadura profesional en varios medios de fútbol y baloncesto, dos de sus grandes aficiones. Más tarde dio el primer gran giro de su carrera al cambiar el periodismo deportivo por el periodismo lifestyle enfocado en audiencias jóvenes. Fue ahí donde adquirió sus habilidades para detectar tendencias y de paso mejorar sus conocimientos en otros ámbitos como el fitness y la tecnología.
Apasionado del cine, su salto a eCartelera le permitió cumplir uno de sus grandes sueños, convertirse en periodista cultural. Un sueño que continúa ahora en Men's Health, donde ejerce de redactor digital de entretenimiento dentro de la Healthy Unit de Hearst Magazines. La polivalencia adquirida a lo largo de su carrera profesional le capacita para informar sobre los hábitos de los actores que copan cada día la portada de Men's Health sin perder de vista la actualidad del cine y las series que protagonizan.


















