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Hay una mentira que muchísimas personas se repiten durante años. Una mentira elegante, socialmente aceptada y hasta cómoda: "Si quiero bajar barriga y grasa, tengo que dejar de vivir". Dejar de salir a cenar. Dejar los planes. Dejar los restaurantes. Dejar de disfrutar. Como nadie quiere vivir así, hacen justo lo contrario: comen fuera sin criterio, compensan entre semana, se pasan el finde, se sienten culpables y siguen con la misma barriga año tras año.
Pero... "No engordas por sentarte en un restaurante. Engordas por no saber hacerlo", afirma el entrenador y especialista en perder grasa Paul Lucín. Y así sería la escena: Viernes por la noche. Sales a cenar con tu mujer. Es una cena normal: un italiano, un asador o ese sitio que os gusta y al que vais cuando queréis desconectar. Te sientas, abres la carta y en tu cabeza empieza el ruido:
● “Bueno… ya que estoy, esta noche disfruto”.
● “El lunes me pongo serio”.
● “Por una cena no pasa nada”.
● “Si quiero adelgazar, no debería ni haber venido”.
Ahí es donde la mayoría la lía. No por la cena. No por la pasta. No por el postre. La lían porque llegan al restaurante con mentalidad de todo o nada. O se comportan como monjes toda la semana y el viernes revientan. O llegan con culpa antes incluso de pedir el agua. O piden como si tuvieran 5 años y luego culpan a la vida social de su barriga.
"Yo también caí en esa trampa", dice Paúl Lucín. Hubo una época en la que salir a cenar me generaba ansiedad. No por el restaurante en sí, sino por lo que venía después en mi cabeza. Disfrutaba la cena, sí. Pero luego me sentía culpable. Al día siguiente quería compensarlo:
● con más cardio.
● con hambre.
● con paseos extra.
● o con la típica película de: "Hoy no como casi nada para arreglar lo de anoche".
El problema es que eso me hacía vivir peor. Me llevó a pensar algo que mucha gente no dice en voz alta: “No se puede estar definido y tener vida social".
No hace falta dejar de vivir para bajar barriga. Hace falta dejar de sabotearte.
Tu barriga no viene del restaurante. Viene de tu falta de estructura. Tu problema no es salir a comer. El problema suele ser este:
● llegas con hambre.
● pides sin pensar.
● bebes por inercia.
● comes rápido.
● eliges por ansiedad.
● luego te vives con culpa.
Eso repetido cada semana durante años te pasa factura. Encima luego te dices: "Es que con mi vida social es imposible".
El error del hombre ocupado
El hombre ocupado suele caer en dos extremos.
1. Entre semana perfecto, finde desastre.
De lunes a jueves come “limpio”, aguanta, se controla, intenta hacerlo todo perfecto, y el viernes explota.
2. Ya que salgo, me lo merezco.
Como si cada cena fuera una despedida de soltero: pan, entrantes sin control, alcohol, principal contundente, postre y copa. Luego llega la culpa y la promesa vacía de siempre: “Esta semana sí me pongo". Así no se va esa grasa rebelde. Así se construye frustración.
La buena noticia
Sí puedes bajar barriga y seguir saliendo a comer fuera. Pero no desde la improvisación. Desde el criterio. No estás a dieta. Estás teniendo criterio de un hombre coherente.
La mini-guía para pedir en restaurantes sin sabotearte
No te hace falta contar calorías ni sacar una app en la mesa. Te hacen falta reglas simples.
Regla 1: proteína
Cuando abras la carta, busca primero la proteína:
● pescado,
● carne,
● marisco,
● huevos,
● tartar,
● carpaccio,
● pollo,
● solomillo.
Si haces esto, ya has empezado mejor que la mayoría.
Regla 2: acompaña con verdura
Ensalada, parrillada, verduras a la plancha, alcachofas, espárragos, tomate, setas… Lo que sea, pero mete verdura.
Regla 3: agua como base
¿Alcohol? Máximo una copa, si te apetece de verdad. Lo normal es beber agua.
Regla 4: no pidas como un niño
Muchos hombres +35 piden en un restaurante como si tuvieran 5 años:
● pasta cremosa,
● pan sin control,
● croquetas,
● fritanga,
● postre entero,
● cerveza o vino porque “ya que estoy”.
Dicen que engordan por salir a comer. Engordan porque se sientan a la mesa sin orden.
Qué pedir según el sitio
Si vas a un italiano
Hazlo fácil:
● carpaccio o burrata con tomate para compartir,
● carne o pescado, si lo hay,
● o una pasta, sí, pero con control.
No pasa nada por pedir pasta. Tu problema no es la pasta. El problema es todo lo que le pones alrededor.
Si vas a un asador
Aquí lo tienes bastante fácil:
● carne o pescado,
● ensalada,
● verduras,
● patata si quieres.
Es de los sitios más fáciles para comer bien sin complicarte.
Si estás en un hotel
No te dejes llevar por el “como estoy fuera, da igual”. En un buffet o restaurante de hotel:
● proteína,
● verdura,
● agua,
● si comes hidratos, que sea con criterio.
Si es una cena de empresa. Lo importante no es solo la comida, también es la presión del entorno. No necesitas demostrar nada comiendo o bebiendo de más. No estás a dieta. Estás teniendo criterio de un hombre coherente.
Si vas de tapas. Busca:
● jamón.
● marisco.
● pulpo.
● calamares a la plancha.
● ensaladilla con cabeza.
● tomate aliñado.
● boquerones.
● carne.
Deja de convertir cada mesa de tapas en una competición de fritos. El postre, el pan y la copa. No hace falta ser rígido. Hace falta saber jugar.
● Pan: si te lo comes sin darte cuenta mientras esperas, ya empiezas perdiendo.
● Postre: fruta o, compartir si de verdad te apetece.
● Alcohol: máximo una copa. Mejor agua.
Se te acaba el margen. Ya huele a primavera. Empiezan más terrazas, más escapadas, más planes, más ropa ligera. Ahora es cuando muchos hombres sienten que se les acaba el margen antes del verano. Si sigues pensando que para bajar barriga tienes que dejar de salir, vas a seguir atrapado entre dos opciones que te fastidian igual:
● o te encierras y vives amargado,
● o sales y te sientes culpable.
La solución es aprender a comer con estrategia.
Qué haría yo esta semana
Si quieres empezar ya, haría esto:
● sal a cenar.
● pide proteína + verdura + agua.
● si tomas alcohol, una copa como mucho.
● si hay postre, compártelo o elige fruta.
● y al día siguiente no compenses con hambre ni cardio absurdo.
Vida normal. Entrena. Camina. Y sigue.
Lo que te mantiene con barriga no es una cena fuera. Es el patrón de culpa, descontrol y compensación que repites después.
Roberto Cabezas es especialista en fitness, CrossFit, culturismo, material de entrenamiento, nutrición y suplementación deportiva en Men's Health España. Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información, en Madrid, siempre me ha gustado el deporte. Jugué al fútbol, practiqué karate, tenis y ahora soy un apasionado del pádel y entrenar en el gimnasio. Creo firmemente en que llevar una vida saludable, comiendo bien y haciendo ejercicio a diario, es fundamental tanto para el cuerpo como para nuestra salud mental. Y animo a combatir el estrés con el entrenamiento fitness mediante rutinas de ejercicios.
Uno de mis hobbies es comprar comida porque me encanta comer, sobre todo carne, pero también la fruta y los postres healthy. No me falta mi batido de proteínas diario y puestos a recomendar, prueba la crema de cacahuete con plátano, esta es una de muchas de las recomendaciones que puedes encontrar entre los contenidos de nutrición en los que escribo y trato temas como, la creatina, proteína whey entre otros.
En lo profesional, antes de formar parte de la Healthy Unit de Hearst Magazines, estuve casi 20 años en las revistas Teleindiscreta, TP y Supertele, de la misma compañía, donde aprendí a ser periodista. Antes pasé por una consultora económica y una web femenina. ¿Más aficiones? La lectura, la música, el cine, las series y jugar con mis hijos. ¡Vive y deja vivir!












