Mientras que en el Mundial actual la mayor preocupación suele ser una tarjeta roja o una lesión, en la Edad Media un partido de fútbol podía ser bastante menos pacífico. El juego iba a menudo acompañado de violencia, e incluso en ocasiones con desenlaces mortales. ¿Cómo era el fútbol medieval y por qué llegó a prohibirse más de treinta veces

Un espectáculo violento

Ya en los siglos VIII y IX se registran referencias a juegos de pelota por parte de distintos monjes en Inglaterra y Gales. En aquella época, el juego se practicaba con una vejiga de cerdo inflada como balón.

A partir del siglo XII, en Ashbourne (Derbyshire) se empezó a jugar una versión especialmente ruda de fútbol conocida como Royal Shrovetide Football, que todavía se mantiene en la actualidad.

El partido se celebra cada año en Martes de Carnaval y Miércoles de Ceniza, y es un auténtico espectáculo en el que participa toda la ciudad. La población se divide en dos equipos y todo el municipio se convierte en el campo de juego, con porterías situadas a unos cinco kilómetros de distancia.

El partido dura dos días, y gana el equipo que consiga marcar tres veces primero. Las reglas son mínimas: prácticamente todo está permitido, excepto el asesinato y la agresión grave.

Alteración del orden público

Hacia el siglo XIII, el fútbol medieval comenzó a ganar una gran popularidad. Los juegos eran frecuentemente brutales, caóticos y en ocasiones directamente peligrosos, con heridos e incluso muertos como consecuencia. Esto llevó a que autoridades civiles y eclesiásticas intentaran prohibirlo en numerosos lugares.

En 1314, el alcalde de Londres emitió una proclamación oficial que prohibía el fútbol debido a la violencia y a la alteración del orden público.

Durante el reinado de Eduardo III (1327-1377), se hicieron varios intentos de prohibir e incluso criminalizar la práctica del fútbol. Una de las razones estaba relacionada con el contexto bélico de la época: Inglaterra se encontraba inmersa en una larga guerra con Francia, y el monarca quería fomentar el tiro con arco como habilidad militar esencial. Por ello, el fútbol era visto como una distracción perjudicial para el entrenamiento de los soldados.

Prohibiciones medievales del fútbol

En 1365, el fútbol fue prohibido de forma explícita debido a su falta de valor social, y en 1388 se volvió a restringir con el objetivo de obligar a los trabajadores que jugaban a ocupar su tiempo en actividades más “útiles”.

Ya en torno al siglo XV, los reyes de Escocia también se opusieron al juego, y en 1608 las autoridades intentaron limitar el fútbol en Manchester debido a que se rompían numerosos cristales de ventanas durante las partidas.

En total, el juego fue prohibido en Inglaterra más de treinta veces entre 1314 y 1667. Sin embargo, ninguna de estas medidas tuvo un efecto real: el fútbol siguió siendo durante todos esos años un pasatiempo muy popular entre la población.

El nacimiento del fútbol moderno

Durante todos esos cientos de años en los que el fútbol estuvo oficialmente prohibido, el deporte apenas evolucionó. Eso cambia a principios del siglo XIX, cuando el fútbol escolar se convierte en una práctica habitual y empieza a estar más regulado. Sin embargo, todavía no existe un estándar real: cada escuela tiene su propia versión del juego.

Con el tiempo, sin embargo, se empiezan a ver sus ventajas: el fútbol resulta útil para desarrollar cualidades como la lealtad, el desinterés y el espíritu de equipo. Es en esta época cuando un profesor inglés introduce el juego a los alumnos de un internado cerca de Leidschendam.

Finalmente, en 1863 surge la iniciativa de crear una forma estandarizada de fútbol con reglas fijas: nace la Federación Inglesa de Fútbol. Estas reglas siguen siendo hoy la base del fútbol moderno, aunque desde entonces han sido modificadas y ampliadas en varias ocasiones.

El primer partido de fútbol en España lo jugaron Sevilla FC y Recreativo de Huelva el 8 de marzo de 1890.

Vía: National Geographic NL
Traducido y editado por Gustavo Higueruela
Headshot of Stéphanie Versteeg
Stéphanie es periodista y fotógrafa independiente (de viajes). Prefiere escribir para National Geographic sobre temas de los que no puede dejar de hablar en la vida diaria. Con más de cincuenta países trabajando, viajar es una de sus grandes aficiones, pero la verdad es que en el huerto de su huerto es tan feliz como cuando está lejos.