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Durante décadas, la investigación cerebral se centró principalmente en las neuronas: las células nerviosas que transmiten señales eléctricas por el cerebro.
Pero los científicos están dirigiendo cada vez más su atención hacia otra célula cerebral, durante mucho tiempo infravalorada: los astrocitos. Estas células con forma de estrella podrían desempeñar un papel mucho más importante de lo que se pensaba en la memoria, las emociones y el comportamiento.
Algunos investigadores incluso esperan que sean la clave para desarrollar nuevos tratamientos para trastornos como el TEPT (trastorno de estrés postraumático), la depresión y el Alzhéimer.
De “células de apoyo” a una de las piezas clave del cerebro
Los astrocitos fueron considerados durante décadas como simples células de apoyo: una especie de “servicio de mantenimiento” del cerebro. Sin embargo, cada vez hay más pruebas de que están mucho más implicados en procesos como el aprendizaje, la memoria, las emociones y el comportamiento.
Estas células se encuentran alrededor de las sinapsis, los puntos de contacto donde las neuronas intercambian información, y pueden influir en cómo se comunican las células cerebrales entre sí.
En algunas regiones del cerebro, los astrocitos representan incluso la mitad de todas las células. Aun así, durante mucho tiempo quedaron fuera del foco científico, en gran parte porque eran más difíciles de estudiar que las neuronas.
Solo en los últimos veinte años, gracias a nuevas técnicas genéticas y moleculares, ha sido posible seguir y analizar los astrocitos con precisión. Y es ahora cuando los investigadores empiezan a comprender hasta qué punto estas células son realmente importantes.
Qué hacen los astrocitos con el miedo y los recuerdos
Gracias a estas nuevas técnicas, los científicos están obteniendo una imagen más clara de lo que hacen exactamente los astrocitos. En un estudio publicado en febrero en Nature, la neurocientífica del comportamiento Lindsay Halladay y su equipo investigaron los astrocitos en la amígdala, la región del cerebro que procesa las emociones.
Estas células se activaban cuando los ratones formaban o revivían recuerdos de miedo. Cuando los investigadores aumentaban o reducían esa actividad, también cambiaba la respuesta de miedo de los animales.
Otros estudios indican que los astrocitos poseen proteínas muy específicas, lo que los convierte en un objetivo atractivo para nuevos medicamentos. El neurocientífico Benjamin Deneen, del Baylor College of Medicine en Estados Unidos, descubrió por ejemplo que la proteína NFIA está activa en los astrocitos del hipocampo, una región clave para la memoria, pero prácticamente no aparece en otras partes del cerebro.
Cuando los investigadores desactivaron NFIA en ratones, tanto la memoria como el comportamiento se vieron alterados.
Por qué el cerebro de hombres y mujeres responde de forma diferente
Los investigadores también están estudiando el papel de los astrocitos en las diferencias de salud mental entre hombres y mujeres. Trastornos como el TEPT, los trastornos de ansiedad y la depresión son más frecuentes en mujeres que en hombres.
Anna Orr, de la institución Weill Cornell Medicine en Estados Unidos, ha identificado proteínas en los astrocitos que se comportan de manera distinta en cerebros masculinos y femeninos.
En ratones macho, la activación de una determinada proteína mejoró la memoria, mientras que el mismo proceso en hembras provocó, en cambio, problemas de memoria.
Según Orr, comprender estos mecanismos específicos según el sexo podría permitir tratamientos mucho más precisos y personalizados. Una vez que se sepa qué células y procesos están implicados en cada trastorno, los científicos podrían intervenir de forma más dirigida.
Aun así, el salto desde los experimentos en animales hasta las terapias en humanos sigue siendo un desafío importante.
¿Nuevos medicamentos contra el trauma?
Algunos investigadores creen que los astrocitos podrían dar lugar a una generación completamente nueva de fármacos psiquiátricos. Los traumas graves alteran los circuitos cerebrales que regulan el miedo y la memoria, lo que puede provocar flashbacks intensos. Al actuar sobre los astrocitos dentro de esos circuitos, los científicos esperan reducir el impacto de los recuerdos traumáticos.
Uno de los compuestos que se está investigando actualmente es KDS2010, también conocido como tisolagilina. Este fármaco se encuentra en fase 2 de ensayos clínicos para la obesidad y el Alzheimer, y podría empezar a probarse próximamente en el TEPT (trastorno de estrés postraumático). En estudios con ratones, el compuesto redujo la ansiedad y los recuerdos intrusivos.
Otra estrategia se centra en variantes de genes que son importantes para los astrocitos. Algunas de estas variantes genéticas están relacionadas con la ansiedad, la depresión o el TEPT. Los investigadores están estudiando si estas variantes influyen en el comportamiento de los animales y, posteriormente, intentan desarrollar medicamentos capaces de modificar esos mismos procesos en humanos.
Tratamientos más dirigidos, menos efectos secundarios
Según los investigadores, ahí reside precisamente la gran promesa de los astrocitos. Muchos medicamentos psiquiátricos actuales actúan de forma amplia y afectan a múltiples tipos de células, tanto dentro como fuera del cerebro. Esto puede provocar efectos secundarios como náuseas, aumento de peso y fatiga.
Los astrocitos, en cambio, parecen actuar de forma más específica: sus proteínas varían según la región del cerebro e incluso, en algunos casos, según el sexo. Esto podría permitir desarrollar en el futuro tratamientos mucho más precisos y dirigidos, con potencialmente menos efectos adversos.
Aun así, la investigación está todavía en una fase inicial. Los científicos no ven a los astrocitos como un sustituto de las neuronas, sino como una pieza clave para construir una visión más completa de cómo el cerebro regula la memoria, las emociones y el comportamiento.










