La tecnología ha conseguido algo que parecía imposible hace apenas unas décadas: poner una cantidad prácticamente infinita de información al alcance de la mano. En cuestión de segundos podemos resolver una duda, localizar un dato o comunicarnos con alguien que está al otro lado del mundo. Sin embargo, esa misma facilidad también está modificando la manera en que pensamos, prestamos atención y nos relacionamos con nuestro entorno.

La sensación de vivir pendientes de una pantalla se ha convertido en una experiencia compartida por millones de personas. Saltamos de una notificación a un mensaje, de una noticia a un vídeo y de una conversación a una búsqueda en internet sin apenas detenernos. La pregunta es inevitable: ¿qué está ocurriendo en nuestro cerebro mientras nos acostumbramos a esta dinámica?

Para Ana Ibáñez, una de las neurocientíficas españolas más reconocidas en el ámbito del alto rendimiento y el bienestar mental, el desafío no está en la tecnología en sí misma, sino en la forma en que entrenamos nuestro cerebro para utilizarla. La autora de ‘Neurociencia para la vida real’ reflexiona sobre los cambios que ha provocado la era digital y ofrece algunas claves para recuperar la capacidad de concentración y reflexión.

La experta considera que la sobreexposición digital tiene un impacto diferente según la edad. Explica que los cerebros más maduros suelen adaptarse más lentamente a los nuevos entornos tecnológicos, algo que exige un mayor esfuerzo de aprendizaje. Sin embargo, el principal problema no es la edad, sino la forma en que la estimulación constante modifica nuestros hábitos mentales.

"El problema de la sobrestimulación es que estás entrenando tu cerebro a saltar todo el tiempo de un hecho a otro", afirma. Según Ibáñez, este fenómeno está erosionando capacidades que durante años formaron parte de nuestra manera natural de pensar. "Estamos desprogramando algo que quizás traíamos antes de la era no digital, que era poder reflexionar más, pararte a pensar, buscar las soluciones dentro de uno mismo".

La neurocientífica observa con preocupación una tendencia cada vez más habitual: delegar procesos de reflexión en la tecnología. "Estamos pensando menos, estamos dejando que las máquinas hagan por nosotros una parte de pensamiento y de reflexión que antes hacíamos nosotros", asegura.

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Quienes han vivido la transición entre el mundo analógico y el digital perciben con claridad esa diferencia. "A partir de los 40 años vemos claramente el cambio de cómo era antes a ahora". En su opinión, el riesgo aparece cuando la tecnología deja de ser una herramienta para convertirse en una dependencia cognitiva. "Si lo que haces es programar a tu cerebro para que solo dependa de lo digital, estás perdiendo habilidades que antes sí que tenías".

Entre esas capacidades destaca una especialmente importante: "La capacidad de reflexionar, de aburrirnos, de poderte quedar pensando tú mismo en los temas en vez de buscar fuera las respuestas".

Pese a ello, Ibáñez rechaza la idea de que la edad sea un obstáculo para mantener una buena capacidad de atención. De hecho, considera que la madurez puede convertirse en una ventaja. "No lo generalizaría con edades", sostiene.

La autora explica que muchas personas llegan a los 45 años con una mayor estabilidad emocional y una experiencia vital que favorece la concentración. "Tu cerebro te va a dar esa serenidad que necesita para concentrarte". Por eso sostiene que "los 45 años son una edad maravillosa para tener una gran concentración".

La experiencia también ayuda a relativizar los problemas cotidianos. "Ya has aprendido más cómo regularte, cómo regular tus emociones". Esa capacidad de gestión emocional constituye una base muy sólida para mantener la atención en tareas complejas.

La buena noticia es que el cerebro sigue siendo moldeable. Para Ibáñez, es perfectamente posible reaprender hábitos más saludables y desarrollar una relación equilibrada con la tecnología. "Hay que hacerlo de forma consciente".

La clave consiste en combinar los beneficios del entorno digital con espacios destinados a la reflexión y la concentración. "Si le enseñas a saltar de una actividad a otra, eso es lo que te va a dar. Pero si le enseñas a utilizar lo digital para sacarle provecho, es fantástico".

La neurocientífica propone alternar momentos de velocidad y momentos de pausa. "Es una cuestión de aislar entrenamientos. El entrenamiento de ir rápido digital y luego el entrenamiento de ir más despacio, reflexionar y concentrarte".

Entre las herramientas que recomienda se encuentran las llamadas "burbujas de concentración", entornos diseñados para facilitar el foco mental. "Ponerte una música que te guste", "hacer un espacio que también te guste" o crear un lugar que el cerebro identifique como agradable son algunos de los recursos que menciona.

También aconseja definir con claridad cuánto tiempo se dedicará a una tarea y qué beneficio se espera obtener. "A tu cerebro cuando le pones un beneficio y un tiempo en el que haces las cosas, va a tener más ganas de hacerlas". En ese contexto, la concentración deja de percibirse como una obligación y se convierte en una actividad más accesible y sostenible.

El cerebro cambia constantemente y responde a aquello que practicamos cada día. La cuestión no es renunciar a la tecnología, sino decidir conscientemente qué capacidades queremos seguir entrenando.

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Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad. 

No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.

Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar. 

Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.

Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.