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Durante una reunión, mientras estudian para un examen o incluso frente al televisor, millones de personas llevan los dedos a la boca casi sin darse cuenta. Es un gesto tan habitual que a menudo pasa desapercibido. Sin embargo, cuando se convierte en una conducta repetitiva y difícil de controlar, puede estar enviando señales sobre el estado emocional de quien la practica.
La costumbre de comerse las uñas tiene un nombre clínico: onicofagia. Los especialistas la definen como un comportamiento crónico que consiste en morder las uñas y las cutículas de forma recurrente. Aunque suele aparecer en momentos de tensión, aburrimiento, nerviosismo o frustración, su persistencia durante la adolescencia y la edad adulta puede requerir atención profesional.
Lo que muchas personas interpretan como una simple manía puede convertirse en un trastorno que afecta tanto a la salud física como al bienestar psicológico.
Según explica el divulgador sanitario conocido en redes sociales como @contenidomedico.bruno, diversos estudios han encontrado vínculos entre la onicofagia y diferentes trastornos. Entre ellos figuran el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los trastornos de ansiedad y, en situaciones más complejas, algunos cuadros depresivos.
Mucho más que un problema estético
Las consecuencias de este hábito no se limitan al aspecto de las manos. Las uñas, las cutículas y la piel que las rodea pueden sufrir lesiones continuas que facilitan la aparición de infecciones. La explicación es sencilla: las manos entran en contacto constante con superficies que acumulan microorganismos y suciedad, lo que aumenta el riesgo de trasladarlos a pequeñas heridas producidas por las mordeduras.
Además, la práctica continuada puede provocar daños en los dientes y alterar el crecimiento normal de las uñas. En algunos casos, las deformaciones llegan a mantenerse durante largos periodos de tiempo.
El impacto emocional tampoco resulta menor. Muchas personas adultas que padecen onicofagia sienten vergüenza por el aspecto de sus manos y desarrollan inseguridades que afectan a sus relaciones sociales. Esa incomodidad suele llevarlas a ocultar el problema y retrasar la búsqueda de ayuda.
Cómo romper el círculo
Los expertos recomiendan actuar sobre las causas que desencadenan la conducta. Algunas estrategias sencillas pueden ayudar a reducir el impulso de morderse las uñas. Entre las más conocidas figura la aplicación de esmaltes con sabor amargo, un recurso utilizado desde hace décadas para crear una asociación desagradable con el hábito.
También pueden emplearse barreras físicas, como guantes o férulas específicas, que dificultan el contacto entre los dedos y la boca. Estas medidas resultan útiles en determinados casos, especialmente cuando la conducta aparece de forma automática.
Cuando la onicofagia provoca lesiones frecuentes o genera un importante malestar emocional, la recomendación es acudir a un profesional de la salud. Psicólogos, psiquiatras, dermatólogos y odontólogos pueden intervenir de forma coordinada para identificar el origen del problema y diseñar un tratamiento adecuado.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












