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En el Mundial de Fútbol 2026, muchos medios se han hecho eco de cómo, al finalizar los partidos, la Selección de Japón deja completamente ordenado el vestuario. También los aficionados: en cuanto acaba el encuentro, cogen sus bolsas de basura y recogen todos los desperdicios que han generado, dejando las gradas como una patena. ¿Es algo cultural? ¿Va más allá?…
La psicología intenta desentrañar qué hay detrás de estos pequeños gestos que, muchas veces de forma involuntaria, dicen mucho más de nosotros como individuos (o como sociedad) que las grandes acciones. Un ejemplo de ello es recolocar la silla cuando te levantas de la mesa… solo lleva medio segundo y casi nadie se da cuenta, pero dice mucho de nosotros.
Parece solo una cuestión de orden, un pequeño reflejo, pero a partir de ahora vas a fijarte en quién lo hace y quién no cada vez que quedes a comer con alguien o cuando estés en una reunión.
Empujar una silla hacia adentro es un pequeño acto de restauración
Como decíamos de los japoneses en el Mundial, el mero acto de recolocar la silla en su sitio es una muestra de respeto: tú te encontraste el espacio de cierta manera, lo usaste y lo devuelves como estaba antes de tu llegada.
Cuando haces algo así no estás buscando el reconocimiento público por tu acción, nadie te lo agradecerá y la siguiente persona que pase ni siquiera se dará cuenta de que la silla está donde debe estar, pero es que precisamente eso es la clave de este asunto. Es una consideración silenciosa que, sin embargo, dice a gritos qué esconde esa persona.
El rasgo de personalidad que se esconde tras el hábito según la psicología
Y es que la realidad es que no tiene nada que ver con ser una persona ordenada o que respete los bienes materiales. Colocar de nuevo la silla en la mesa es un pequeño indicio de algo más importante: la disposición a fijarse en el estado de los pequeños detalles de un espacio compartido; es una forma de respeto por los que están y los que vendrán.
Los psicólogos identifican el rasgo de la responsabilidad y, yendo un poco más allá, el amor al prójimo. En un estudio realizado por el Instituto Gottman con 20.000 parejas en tres países, se correlacionó una mayor responsabilidad, tanto en uno mismo como en la pareja, con una mayor satisfacción en la relación.
La explicación es sencilla: la persona que devuelve la silla a su lugar original, tiene el mismo automatismo cuando recuerda cómo tomas el café, vuelve a colocar las llaves en el vaciabolsillos o evita que los espacios compartidos en un viaje se queden desordenados. Y sí, piénsalo, todo ello puede ser motivo de discusión en una pareja, entre amigos o con tu familia política.
De hecho, cuando los investigadores preguntaron en qué es lo que realmente importa en una pareja a largo plazo, la amabilidad y la confiabilidad ocupan el primer lugar, por encima del atractivo físico y el dinero. Y una simple silla, un simple detalle, es un pequeño indicador de eso mismo: confiable, considerada, presente incluso cuando nadie la busca.
Así, cuando tengas una primera cita, fíjate a ver qué hace con la silla tras acabar la cena romántica; en una quedada para ver el fútbol con amigos, observa cuál de ellos recoloca la silla cuando acaba el partido; o en el trabajo, confía tu próximo proyecto en el que deja la sala tal y como se la encontró al finalizar la reunión.
Director digital de Men's Health, Women's Health y Runner's World. Licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, MBA en Dirección de Empresas de Comunicación en la Universidad de Salamanca y Postgrado en Marketing Digital en el ESIC. Especialista en estilo de vida masculino, en Hearst España he trabajado como editor de moda y belleza en Esquire y he colaborado en revistas y webs como Elle, Fotogramas, Cosmopolitan, La Revista de Ana Rosa y Ego. Antes, en Orange y Mediaset. Muy de pueblo, uso el running como vía de escape porque es lo más efectivo en una huida, me encantan las zapatillas de todo tipo, probar cremas y tratamientos y usar la Thermomix -que no cocinar-.













