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Se habla mucho sobre la llamada crisis de la testosterona, sobre todo a partir de los 40 años. Se dice que los hombres actuales tienen niveles más bajos de la hormona masculina que sus antecesores. Y que incluso los jóvenes producen menos niveles de testosterona, lo que empuja a muchos a consumirla en forma de suplementos. Para saber toda la verdad, hemos hablado con Alejandro Molina Cabeza, un reconocido especialista en Andrología, con más de 15 años de experiencia en la profesión.
Para centrar el tema, ¿cuáles son los beneficios de la testosterona, y como es su ciclo en la vida del varón?
La testosterona es la principal hormona masculina y tiene funciones mucho más amplias de lo que normalmente se piensa. No solo está relacionada con el deseo sexual, sino también con la masa muscular, la densidad ósea, la producción de espermatozoides, la energía, el estado de ánimo y la capacidad de concentración. En la vida del hombre, la testosterona sigue un ciclo bastante claro. En la infancia los niveles son muy bajos. Durante la pubertad aumentan de forma brusca y provocan el desarrollo sexual. Los niveles máximos suelen alcanzarse entre los 20 y los 30 años. A partir de los 30–40 años, la testosterona empieza a disminuir de forma lenta y progresiva. En promedio, el descenso suele ser aproximadamente de un 0,5–1 % al año, aunque hay hombres que mantienen niveles normales durante décadas. También es importante saber que la testosterona tiene un ritmo diario: es más alta por la mañana y desciende a lo largo del día.
¿A qué edad de media se empieza a notar falta de testosterona?
No hay una edad concreta. Aunque el descenso hormonal empieza alrededor de los 30 ó 40 años, la mayoría de los hombres no desarrolla síntomas clínicos hasta mucho más tarde, si es que los desarrolla. En consulta vemos con más frecuencia síntomas a partir de los 50 o 60 años, pero cada vez observamos más casos relacionados con factores de estilo de vida, no con la edad en sí. Hoy sabemos que obesidad, falta de sueño o estrés crónico pueden reducir la testosterona incluso en hombres relativamente jóvenes.
¿Pueden jóvenes de, por ejemplo, 25 años tener problemas de testosterona?
Sí, es posible, aunque no es lo más frecuente. En hombres jóvenes, cuando vemos niveles bajos de testosterona muchas veces hablamos de hipogonadismo funcional. Esto significa que el eje hormonal no está dañado de forma permanente, sino que está temporalmente “frenado” por factores externos como:
- obesidad
- falta de sueño
- estrés crónico
- sedentarismo
- enfermedades metabólicas
- consumo de alcohol o drogas
- uso previo de esteroides anabólicos
En este contexto hay algo importante que conviene entender: la testosterona baja muchas veces es más un marcador que una causa. Es decir, refleja que el organismo está bajo estrés metabólico o fisiológico. En estos casos, síntomas como cansancio, falta de energía, bajo deseo sexual o dificultades de concentración no siempre se deben directamente a la testosterona baja, sino a los problemas que han provocado ese descenso hormonal. Por eso, en hombres jóvenes el primer paso casi siempre consiste en corregir los factores que están afectando al eje hormonal: mejorar el sueño, reducir el estrés, perder grasa corporal, aumentar la actividad física o tratar enfermedades asociadas. En muchos casos, cuando se corrigen esos factores, la testosterona se recupera de forma natural. Solo si, tras corregir estas causas, los niveles siguen siendo bajos y los síntomas son claramente compatibles con déficit hormonal, es cuando se plantea abordar específicamente el tratamiento de la testosterona. Vamos, que la mayoría de veces, cuando la testosterona está baja en un joven, no es que tenga problemas de testosterona, sino otro una aviso de que algo no está funcionado bien en el organismo.
¿Cuáles serían los síntomas y las posibles causas?
Las guías internacionales señalan que los síntomas que más orientan a un déficit real de testosterona son principalmente los relacionados con la función sexual.
Los tres más característicos son:
1. Disminución del deseo sexual (líbido)
Es el síntoma más frecuente y uno de los más específicos. Los pacientes suelen describir una pérdida clara del interés sexual respecto a etapas previas.
2. Reducción o desaparición de las erecciones espontáneas, especialmente las matutinas
Las erecciones nocturnas y matutinas dependen en parte de niveles adecuados de testosterona, por lo que su desaparición puede ser un signo orientativo.
3. Disfunción eréctil asociada a baja líbido
Cuando estos síntomas aparecen juntos, aumenta mucho la probabilidad de que exista un déficit hormonal relacionado a baja testosterona.
Además, si el déficit se mantiene durante años, pueden aparecer también:
- pérdida de masa muscular
- aumento de grasa corporal
- disminución de la densidad ósea
- reducción del vello corporal
Otros síntomas como fatiga, irritabilidad, falta de motivación o dificultad para concentrarse son muy frecuentes, pero no son específicos de testosterona baja, porque pueden deberse a muchas otras causas como estrés, falta de sueño o problemas metabólicos. Por eso, el diagnóstico siempre requiere confirmar niveles bajos de testosterona en análisis de sangre realizados por la mañana. La combinación más habitual que se ve en consulta y que más orienta a testosterona baja es pérdida de libido junto con disminución de las erecciones espontáneas, y cuando está mantenida en el tiempo, también cambios en la composición corporal y dificultad en poder cambiarla.
Respecto a las causas que pueden hacer tener una testosterona baja, podemos dividirlas en tres grandes grupos.
1. Hipogonadismo primario (problema en los testículos)
Es la menos frecuente y ocurre cuando los testículos no producen suficiente testosterona. Puede deberse a:
- alteraciones genéticas (como el síndrome de Klinefelter)
- daño testicular por traumatismos o infecciones (orquitis por paperas en la infancia)
- quimioterapia o radioterapia
- algunas enfermedades testiculares
2. Hipogonadismo secundario (problema en el cerebro)
Aquí el problema está en el eje hormonal del cerebro que regula la producción de testosterona (hipotálamo e hipófisis).
Puede aparecer por:
- tumores hipofisarios
- hiperprolactinemia
- enfermedades crónicas graves
- algunos medicamentos (opioides, corticoides)
3. Hipogonadismo funcional (el más frecuente hoy)
Actualmente es la causa más habitual, y especialmente en hombres jóvenes. En estos casos el eje hormonal no está dañado, sino temporalmente inhibido por factores del estilo de vida o metabólicos, como:
- Obesidad o exceso de grasa visceral (la más frecuente)
- Falta de sueño
- Estrés crónico
- Sedentarismo
- Diabetes, resistencia a la insulina o síndrome metabólico
- Consumo excesivo de alcohol
- Uso de esteroides anabólicos
En estos casos, sin embargo, la testosterona baja suele ser más un marcador del estado metabólico del organismo que la causa principal de los síntomas. Por eso, muchas veces el primer tratamiento consiste en corregir estos factores antes de plantear terapia hormonal.
¿Qué pasos debería seguir alguien si nota esos síntomas?
Lo primero es acudir a un médico para realizar una valoración completa. El diagnóstico se basa en dos elementos: síntomas compatibles y niveles hormonales bajos en análisis de sangre.
El estudio suele incluir:
- análisis de testosterona por la mañana
- confirmación en dos análisis separados
- medición de otras hormonas como LH o FSH
- evaluación del estilo de vida, peso, sueño y enfermedades asociadas
En muchos casos el problema no es una enfermedad hormonal permanente, sino un bloqueo funcional del eje hormonal, que puede revertirse.
¿Qué tratamientos hay?
El tratamiento depende de la causa.
1. Cambios en el estilo de vida
En muchos hombres, especialmente jóvenes, mejorar hábitos puede normalizar los niveles hormonales:
- perder grasa corporal
- dormir entre 7 y 8 horas
- realizar entrenamiento de fuerza
- reducir el estrés
- moderar alcohol
De hecho, se ha visto que perder un 10 % del peso corporal puede aumentar de forma significativa la testosterona en hombres con obesidad.
2. Medicación para estimular el eje hormonal
En algunos casos, sobre todo en hombres jóvenes que desean mantener fertilidad, pueden utilizarse tratamientos que estimulan la producción natural de testosterona.
3. Terapia de reemplazo con testosterona
Cuando existe un hipogonadismo claro y persistente, que no responde a otras medidas conservadoras, y en el caso de los hipogonadismos primarios(que es el tratamiento de base), puede indicarse terapia con testosterona. Se administra mediante geles, inyecciones o parches.
El objetivo no es “tener más testosterona”, sino restaurar niveles fisiológicos y mejorar los síntomas, siempre bajo supervisión médica.
Díganos algunas formas naturales para un joven de elevar su testosterona.
En hombres jóvenes, más que intentar “aumentar” la testosterona por encima de lo normal, el objetivo suele ser evitar que baje y permitir que el organismo vuelva a su nivel fisiológico natural. Cada persona tiene lo que podríamos llamar un “set point hormonal”, es decir, un rango de testosterona que su organismo regula de forma natural a través del eje hormonal entre el cerebro y los testículos. Cuando factores como el estrés, el exceso de grasa corporal o la falta de sueño alteran ese eje, la testosterona puede bajar temporalmente. En muchos casos, al corregir esos factores, el organismo vuelve por sí solo a su nivel normal.
Las intervenciones con más evidencia científica para favorecer ese equilibrio hormonal son:
-Dormir bien
La testosterona se produce principalmente durante el sueño. Dormir entre 7 y 8 horas de forma regular es uno de los factores más importantes.
-Mantener un peso saludable
El exceso de grasa corporal, especialmente abdominal, se asocia con niveles más bajos de testosterona.
-Entrenamiento de fuerza
El ejercicio de resistencia y fuerza ayuda a mantener la masa muscular y favorece un entorno hormonal saludable.
-Reducir el estrés crónico
El exceso de cortisol puede inhibir el eje hormonal que regula la testosterona.
-Alimentación equilibrada
Una dieta adecuada en proteínas, grasas saludables y micronutrientes como vitamina D o zinc contribuye al buen funcionamiento hormonal.
Muchos suplementos que se venden como “boosters de testosterona” tienen poca o ninguna evidencia sólida.
Especialista de fitness, salud y ciencia en Men's Health. Licenciado en Periodismo, antes he trabajo en la revista Quo.










