Hay decisiones que se posponen indefinidamente porque incomodan. Hacer testamento es una de ellas. La mayoría de las personas sabe que debería hacerlo, aunque lo deja para más adelante con la sensación de que todavía no toca. Mientras tanto, la vida avanza, cambian las circunstancias personales y el patrimonio se transforma sin que quede constancia de cómo se quiere repartir en el futuro.

El problema aparece cuando ese documento nunca llega a existir. Entonces, el reparto de los bienes ya no responde a la voluntad de quien fallece, sino a lo que dicta la ley. El proceso se vuelve más largo, más burocrático y, en muchos casos, más doloroso para quienes se quedan. Para entender qué implica realmente no hacer testamento, hablamos con David Jiménez, abogado experto en herencias, economista y empresario, CEO de Eyco Abogados.

“El testamento es un documento, habitualmente otorgado ante notario, aunque no es obligatorio hacerlo de esta forma, en el que una persona deja constancia de sus últimas voluntades. Si una persona fallece sin haber hecho testamento, la ley establece dos cuestiones fundamentales: determina quiénes deben heredar obligatoriamente, conocidos como herederos forzosos, y cómo se distribuye la herencia entre ellos”, explica.

En ausencia de ese documento, la normativa aplicable pasa a ser el Código Civil o la legislación foral correspondiente en aquellos territorios con derecho propio. Eso implica que el margen de decisión desaparece. La herencia se reparte según unas reglas predeterminadas que no siempre coinciden con lo que la persona habría querido. “En esta situación, los herederos están obligados a realizar un trámite adicional antes de poder aceptar la herencia: la declaración de herederos”, apunta el experto.

Editorial Transverso. La Brújula de las Herencias

La Brújula de las Herencias

Editorial Transverso. La Brújula de las Herencias

Ese trámite añade una capa de complejidad en un momento delicado. Los familiares deben reunir documentación, acudir a una notaría y acreditar su condición de herederos con pruebas y testigos. “Deben aportar una serie de documentos como el certificado de defunción, el certificado de últimas voluntades, el libro de familia, los certificados de nacimiento de los herederos y cualquier otra prueba necesaria para demostrar que son los llamados a heredar. Además, es requisito acudir con dos testigos que ratifiquen la información en sede notarial. En fin, una complicación”.

Esa complicación administrativa se suma al impacto emocional de la pérdida. El propio Jiménez lo resume con claridad: “Por todo ello, resulta poco conveniente no hacer testamento. Además de no poder distribuir los bienes según los propios deseos, se añade una carga burocrática adicional en un momento especialmente difícil desde el punto de vista emocional”.

Uno de los grandes malentendidos en torno a las herencias tiene que ver con cómo se reparten los bienes por defecto. Existe una idea muy extendida que no se ajusta a la realidad jurídica. “La creencia común sobre el reparto de la herencia dista mucho de la realidad. En España, especialmente en matrimonios con hijos o en parejas de hecho, existe la percepción de que al fallecer uno de los cónyuges, todos los bienes pasan primero al viudo y, posteriormente, a los hijos. Sin embargo, esto no es cierto en la mayoría del territorio nacional, salvo en algunos forales o en Cataluña”.

Ese desfase entre lo que se cree y lo que realmente ocurre genera sorpresas cuando ya es demasiado tarde para corregirlo. El llamado testamento “del uno para el otro” tampoco funciona como muchos imaginan.

“El testamento más habitual, conocido popularmente como ‘el testamento del uno para el otro’, no otorga la propiedad total al cónyuge superviviente. En la práctica, el viudo o viuda solo recibe el usufructo de toda la herencia, mientras que la propiedad pasa directamente a los hijos. Este hecho suele sorprender a muchas personas, ya que contradice la idea generalizada de que primero hereda el cónyuge y luego los hijos; en realidad, desde el primer momento, los hijos forman parte del reparto”.

La situación puede ser aún más delicada en el caso de parejas no casadas. La falta de testamento deja a la persona superviviente en una posición especialmente vulnerable. “Algo similar ocurre en el caso de las parejas de hecho. Si no existe matrimonio, salvo en algunos territorios como Cataluña, la pareja superviviente no recibe absolutamente nada a menos que el fallecido haya dispuesto algo específicamente a su favor en el testamento. Esta situación la hemos visto en numerosas ocasiones en mi despacho: tras una vida compartida sin casarse, una desgracia puede dejar a la pareja sin derecho a heredar nada si no hay testamento”.

El testamento, por tanto, no solo sirve para decidir quién recibe qué. También actúa como una herramienta de protección para quienes forman parte del entorno cercano. Eso sí, no basta con hacerlo una vez y olvidarse.

“Es habitual que, hecho el testamento, la gente se olvide. Pero no es lo adecuado. Yo recomiendo siempre revisarlo cuando suceda algo relevante en tu vida: casarse, tener un hijo, algún fallecimiento, un divorcio, variaciones en el patrimonio… Siempre que suceda algo así, hay que revisarlo con el fin de ver si sigue siendo el mejor testamento para este momento vital en el que te encuentras”, concluye Jiménez.

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Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad. 

No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.

Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar. 

Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.

Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.