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A más de 4.000 metros de altitud, con ráfagas de viento helado golpeando la tienda de campaña y temperaturas cercanas a los -30 grados, la fotógrafa francesa Angel Fux esperaba el instante exacto en el que el cielo se alineara sobre los Alpes. Llevaba meses preparando aquella expedición. Aun así, cuando llegó el momento, nada parecía suficiente.
La escena ocurrió en marzo, en el Dent d’Hérens, una montaña situada entre Italia y Suiza, justo detrás del Cervino. Allí, en plena noche alpina, Fux consiguió una de las imágenes astronómicas más sorprendentes del año: un triple arco celeste formado por los dos brazos visibles de la Vía Láctea y el esquivo Gegenschein, un débil resplandor producido por el polvo interplanetario. La fotografía terminó publicada por la NASA dentro de su prestigiosa selección diaria de imágenes astronómicas.
La historia empezó mucho antes de pulsar el disparador. Fux llevaba años persiguiendo cielos oscuros en cordilleras de medio mundo, desde los Andes hasta los Pirineos. En 2025 ya había logrado fotografiar el llamado “doble arco” de la Vía Láctea desde el Gornergrat, en los Alpes Peninos. Aquella experiencia abrió una obsesión nueva: subir todavía más alto.
Una fotografía que solo existe cinco noches al año
El fenómeno que buscaba no aparece cualquier noche. Durante unos pocos días de marzo, el movimiento de la Tierra permite observar, en distintos momentos de la madrugada, los dos grandes arcos de la Vía Láctea. Primero emerge el arco invernal, más tenue y disperso. Horas después aparece el arco estival, mucho más brillante y atravesado por el núcleo galáctico.
Captar ambos en una sola composición exige una combinación extremadamente precisa de factores astronómicos y meteorológicos. La luna debe encontrarse en la fase adecuada, el horizonte tiene que permanecer completamente despejado y la contaminación lumínica debe ser mínima. El margen temporal apenas dura cinco días al año.
Fux decidió entonces llevar el proyecto al límite. Ascendería hasta los 4.200 metros del Dent d’Hérens cargando, al mismo tiempo, equipo de alpinismo y material de astrofotografía. “Los fotógrafos no van allí, menos aún en invierno y de noche”, explicaría después.
La expedición contó con la ayuda del guía profesional Richard Lehner y de su hijo Arnaud. Durante medio año estudiaron rutas, logística y condiciones de seguridad. Una vez en la montaña, la realidad superó las previsiones. El termómetro cayó varios grados por debajo de lo esperado y el viento convirtió cada movimiento en una maniobra delicada.
La fotógrafa permanecía atada con cuerdas cada vez que salía de la tienda. Un paso en falso junto a las cornisas heladas podía resultar fatal.
El regalo inesperado del cielo
La noche decisiva comenzó según el plan previsto. Entre las 20.30 y las 23.30, Fux fotografió el arco invernal. Después descansó unas horas antes de volver al exterior para capturar el arco estival de madrugada.
Fue entonces cuando apareció algo inesperado. Mientras revisaba las imágenes detectó una franja ovalada y difusa atravesando el encuadre. Se trataba del Gegenschein, un fenómeno extremadamente tenue que rara vez aparece registrado en fotografía.
La imagen final dejó de ser un doble arco para convertirse en un triple arco celeste sobre los Alpes.
El trabajo todavía no había terminado. De regreso al estudio, Fux dedicó unas 40 horas al procesado digital de la fotografía. Durante buena parte de ese tiempo ni siquiera trabajó con imágenes visibles, sino con datos, histogramas y líneas de código. “Hubo momentos desesperantes”, reconoció más tarde.
El resultado, sin embargo, justificó cada minuto. La fotografía se difundió rápidamente entre aficionados y expertos en astronomía hasta llamar la atención de la NASA. Incluso los padres de la fotógrafa, preocupados inicialmente por los riesgos de la expedición, acabaron pidiéndole una copia en gran formato para casa.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
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Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.










