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Durante décadas, el progreso se ha medido en buena parte por nuestra capacidad para domesticar el entorno. Aire acondicionado en verano, calefacción en invierno y una temperatura constante durante casi todo el año han convertido el confort en un elemento cotidiano.
Sin embargo, esa conquista también ha cambiado la manera en la que sentimos nuestro propio cuerpo. Para Bill Gifford, divulgador científico especializado en salud y rendimiento humano, autor de ‘Nacidos para sudar’, un libro dedicado a los efectos del calor sobre el cuerpo humano, esta transformación tiene consecuencias que van más allá de la comodidad y alcanza aspectos relacionados con el bienestar físico e incluso con la salud mental.
El autor invita a mirar hacia atrás para comprender qué hemos ganado y qué hemos dejado por el camino. Su reflexión no propone renunciar a los avances tecnológicos, pero sí recuperar cierta capacidad de adaptación que nuestros abuelos desarrollaban de forma natural al convivir con el calor y el frío.
Hablar de la relación entre el ser humano y la temperatura implica mucho más que discutir sobre el uso del aire acondicionado o la calefacción. Para Bill Gifford, el verdadero cambio se encuentra en la forma en la que vivimos el día a día y en la distancia que hemos creado respecto a las sensaciones físicas más básicas.
Al preguntarle qué hacemos peor hoy que las generaciones anteriores en lo que respecta al calor, al frío y al cuerpo, su respuesta comienza poniendo en perspectiva el nivel de bienestar alcanzado por las sociedades actuales.
"Vivimos como reyes y reinas en comparación con la generación de nuestros abuelos, aunque probablemente a todos nos iría mejor sin la comida rápida”, explica.
El divulgador considera que la forma en que las generaciones anteriores convivían con las variaciones del clima suponía un entrenamiento constante para el organismo. Las viviendas, los lugares de trabajo y los desplazamientos estaban mucho más expuestos a las condiciones ambientales. "Ellos soportaban grandes oscilaciones de temperatura a lo largo del año, e incluso a veces en un solo día; al no tener aire acondicionado, siempre estaban adaptados a su clima, tanto al frío como al calor”, asegura.
Esa adaptación permanente desaparece cuando el cuerpo permanece casi siempre dentro de una estrecha franja de confort térmico. Hoy resulta habitual pasar de una vivienda climatizada a un coche climatizado y después a una oficina con temperatura regulada. El organismo apenas necesita responder a los cambios del entorno, una circunstancia que, según diversos investigadores, puede reducir parte de esa capacidad natural de adaptación.
Para Gifford, el problema no reside únicamente en la fisiología. También afecta a la percepción que tenemos de nosotros mismos. "Nosotros estamos más cómodos, pero hemos perdido el contacto con nuestro propio cuerpo y nuestras propias sensaciones de muchas formas distintas, y creo que eso tiene un precio”.
Su reflexión enlaza con un concepto que cada vez recibe mayor atención dentro de la investigación científica: la interocepción, es decir, la capacidad de percibir las señales internas del organismo. Detectar el ritmo cardíaco, la respiración, la sed, el hambre o los cambios de temperatura forma parte de ese sistema de percepción que ayuda a interpretar cómo se encuentra el cuerpo en cada momento.
Según explica el divulgador, “hay científicos que opinan que la conciencia de nuestro propio cuerpo ('interocepción') puede ser importante para nuestra salud mental”, explica.
El interés creciente por esta línea de investigación coincide con una mayor atención a prácticas como las duchas frías, las saunas o la exposición controlada al calor. Más allá de las modas, Bill Gifford recuerda que la experiencia cotidiana de sentir frío o calor forma parte del funcionamiento normal del organismo y contribuye a mantener viva esa comunicación entre el cuerpo y el cerebro.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
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Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












