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Cada jornada comienza con una rutina que parece inalterable. Hacemos planes, cuidamos de quienes queremos, iniciamos proyectos y sonreímos sin detenernos demasiado a pensar que cualquiera de esos momentos podría ser el último. Esa aparente normalidad encierra, según Jean-Paul Sartre, una de las mayores paradojas de la existencia humana.
El filósofo francés sostenía que la auténtica grandeza del ser humano aparece precisamente cuando vive plenamente a pesar de saber que su vida es finita. Lejos de interpretar esa certeza como un motivo para la desesperanza, la convertía en una invitación a observar de otra manera los pequeños actos que llenan el día a día.
El valor oculto de un gesto cotidiano
“El próximo instante puede ser el de vuestra muerte, lo sabéis y seguís sonriendo: ¿no es admirable? En el más insignificante de vuestros actos existe un heroísmo inmenso”. Con esta reflexión, Sartre dirige la atención hacia una realidad imposible de evitar: la vulnerabilidad acompaña a todas las personas desde el primer hasta el último día de sus vidas.
Cada instante contiene la posibilidad de que todo cambie. Una llamada inesperada, un encuentro fortuito o un acontecimiento imprevisto pueden alterar el rumbo de cualquier historia. Aun así, las personas continúan imaginando el futuro, organizando viajes, formando familias o persiguiendo objetivos personales.
Para Sartre, esa decisión de seguir adelante constituye una auténtica declaración de libertad. El ser humano no puede controlar todo lo que sucede, pero sí puede decidir cómo afrontar la incertidumbre. En esa capacidad de elegir reside una parte esencial del sentido de la existencia.
Lejos de asociar el heroísmo con hazañas extraordinarias, el filósofo lo encuentra en escenas mucho más discretas. Un padre o una madre que continúa cuidando de su familia durante una etapa difícil, alguien que reconstruye su vida tras una pérdida o una persona que mantiene la amabilidad en un entorno marcado por la indiferencia representan ejemplos de ese coraje silencioso.
La libertad de dar sentido a la propia vida
La reflexión de Sartre también sitúa el foco sobre el valor del tiempo. La conciencia de que la vida tiene un final convierte cada decisión en algo irrepetible y dota de importancia a experiencias que, de otro modo, podrían parecer insignificantes.
Un gesto de afecto, unas palabras de consuelo o unos minutos dedicados a escuchar a otra persona adquieren una dimensión distinta cuando se entienden desde esa fragilidad compartida. Cada una de esas acciones expresa la voluntad de seguir construyendo vínculos y otorgando significado al presente.
El pensador francés proponía mirar la vida cotidiana desde esa perspectiva. Muchas personas buscan experiencias excepcionales para sentirse plenamente vivas, cuando la fuerza puede manifestarse en acciones sencillas realizadas con plena conciencia. El coraje tampoco exige la desaparición del miedo. También aparece cuando alguien decide avanzar mientras convive con él.
Aceptar que la existencia tiene límites abre otra pregunta que Sartre consideraba fundamental: qué significado quiere dar cada persona a sus días. Vivir con autenticidad, actuar con responsabilidad y conceder valor a los momentos ordinarios forman parte de esa respuesta que cada individuo construye con sus propias decisiones.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












