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Durante años, el discurso sobre la alimentación saludable se ha construido alrededor de listas de alimentos permitidos, porcentajes de macronutrientes y reglas que prometían acercarnos a una vida más sana. En ese camino, muchas personas han terminado evaluando cada comida como si fuera un examen y cada salida con amigos como una amenaza para sus objetivos nutricionales.
Julia Fernández-Renau propone cambiar ese enfoque. La nutricionista sostiene que la relación con la comida no puede reducirse a un cálculo de calorías o vitaminas y recuerda que comer también forma parte de nuestra vida social, cultural y emocional. En su libro ‘A la mierda la dieta: Una guía sobre cómo sanar tu relación con la comida y tu cuerpo’, invita a cuestionar una cultura alimentaria que ha convertido la perfección nutricional en una meta permanente.
Uno de los ejemplos que utiliza enfrenta dos situaciones muy distintas: una persona que decide quedarse sola en casa con un táper de ensalada para no alterar su dieta y otra que comparte una hamburguesa con sus amigos. La comparación sirve para abrir un debate sobre qué significa realmente cuidar la salud.
"Porque la salud es mucho más que la suma de proteínas, vitaminas o fibra”, afirma. “Durante mucho tiempo nos han enseñado a pensar que comer sano consiste únicamente en elegir los alimentos 'correctos', pero la evidencia y la propia experiencia nos muestran que la salud también incluye el bienestar emocional, el placer, el descanso, las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia".
Su reflexión cuestiona una visión muy extendida que sitúa el valor nutricional como único criterio para decidir qué hacer alrededor de la comida. Desde su perspectiva, una alimentación saludable también necesita espacio para la espontaneidad, las celebraciones y el contacto con otras personas.
En la práctica, esa obsesión por hacerlo todo perfecto puede acabar condicionando la vida cotidiana. Hay quienes rechazan invitaciones, evitan restaurantes o sienten ansiedad cada vez que tienen que comer fuera de casa por miedo a romper las normas que se han impuesto.
"Si una persona deja de ir a cumpleaños, rechaza cenas con amigos, evita viajar o vive con ansiedad cada vez que come fuera de casa por miedo a romper la dieta, probablemente su salud ya se está viendo afectada, aunque desde fuera su alimentación parezca impecable", afirma.
La nutricionista insiste en que los alimentos siguen teniendo importancia dentro de una dieta equilibrada. Su planteamiento amplía el concepto de salud para incorporar factores que con frecuencia quedan fuera de las recomendaciones tradicionales.
"Los nutrientes importan. Claro que importan. Lo que cuestiono es la idea de que sean lo único importante. Una alimentación nutritiva no debería exigirnos renunciar a vivir", sostiene.
Ese mensaje conecta con una realidad cada vez más visible. Muchas personas organizan su agenda en función de sus planes de alimentación, revisan compulsivamente las cartas de los restaurantes antes de salir o sienten culpa cuando una comida se aleja de lo previsto. Fernández-Renau considera que esa presión termina erosionando el bienestar que, precisamente, se pretende alcanzar.
Compartir una comida con familiares o amigos aporta beneficios difíciles de medir en una tabla nutricional. Las conversaciones, las risas y el sentimiento de pertenecer a un grupo forman parte de la experiencia humana y también influyen en cómo nos sentimos.
"A veces una hamburguesa compartida entre risas, conversaciones y personas que queremos aporta algo a nuestra salud que ninguna tabla nutricional puede cuantificar. Porque los seres humanos no solo necesitamos alimentarnos; también necesitamos sentirnos conectados", asegura.
La autora defiende que la comida siempre ha desempeñado un papel que trasciende lo puramente biológico. Cada cultura celebra acontecimientos importantes alrededor de una mesa, transmite tradiciones familiares mediante recetas y fortalece vínculos a través de momentos compartidos.
Desde esa perspectiva, convertir cada comida en un ejercicio de control permanente empobrece una parte esencial de nuestra relación con los alimentos. Comer deja de ser una experiencia ligada al disfrute y a la convivencia para convertirse en una sucesión de cálculos y restricciones.
"Creo que ese es uno de los grandes errores de la cultura de la dieta: nos ha hecho creer que la comida es únicamente calorías, cuando en realidad también es cultura, celebración, identidad, cuidado y vínculo. Si para comer 'perfecto' tienes que aislarte de la vida, quizá ha llegado el momento de preguntarnos si eso era realmente salud", concluye.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












