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Tomar el café solo parece una elección intrascendente. Forma parte de la rutina de millones de personas y, a simple vista, apenas revela algo más que una preferencia de sabor. Sin embargo, algunos psicólogos llevan años preguntándose si ciertas elecciones cotidianas pueden ofrecer pistas sobre rasgos más amplios de la personalidad.
La cuestión resulta especialmente interesante en el caso del café negro. Sin azúcar ni leche, se presenta en su versión más directa. Su sabor conserva el amargor original y exige una aceptación plena de la experiencia. Para algunos investigadores, esa inclinación podría conectar con una forma concreta de relacionarse con la realidad.
De todos modos, conviene poner límites a cualquier interpretación. Beber café solo no demuestra nada sobre el carácter de una persona. Las razones pueden ser tan variadas como una costumbre familiar, una cuestión de salud, el control de las calorías o una simple preferencia gustativa. Aun así, la ciencia ha intentado averiguar si determinados sabores y ciertos patrones psicológicos coinciden con más frecuencia de la esperada.
Más allá del sabor
Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista Appetite analizó tres décadas de investigaciones sobre personalidad y preferencias gustativas. Tras revisar más de dos mil registros, los autores seleccionaron 24 estudios relevantes. Los resultados detectaron algunas asociaciones entre la preferencia por sabores amargos o ácidos y determinados rasgos antisociales.
Los propios investigadores, sin embargo, pidieron cautela. Las muestras estudiadas eran limitadas y los métodos utilizados diferían considerablemente entre unos trabajos y otros. El café negro, por tanto, está muy lejos de convertirse en un test de personalidad.
La cuestión adquiere otro matiz cuando se observa qué representa simbólicamente esta bebida. El café solo no suaviza sus aristas. Puede resultar intenso, terroso, ahumado o marcadamente amargo según el tueste y la preparación. Precisamente ahí reside parte de su atractivo para quienes lo eligen de forma habitual.
Algunas personas parecen sentirse cómodas con las cosas tal como son, sin necesidad de modificar cada experiencia para hacerla más agradable. Cuando esa misma tendencia aparece también en las conversaciones, las amistades o la manera de trabajar, comienza a dibujarse un patrón más amplio.
El valor de la autenticidad
La psicología utiliza el concepto de autenticidad para describir una vida alineada con los propios valores y convicciones. Un influyente estudio publicado en 2008 en Journal of Counseling Psychology desarrolló una escala basada en tres dimensiones: vivir de forma auténtica, sentirse alejado de uno mismo y aceptar la influencia externa.
Los resultados mostraron relaciones significativas entre autenticidad, autoestima y bienestar psicológico. La idea conecta de manera sorprendente con la metáfora del café solo: algunas personas prefieren enfrentarse a la realidad tal como llega, incluso cuando resulta menos dulce.
El contexto actual amplifica esa lectura. Las redes sociales están llenas de fotografías retocadas, imágenes cuidadosamente seleccionadas y relatos personales que muestran solo una parte de la historia.
Una revisión publicada en 2025 en Journal of Eating Disorders señaló que las plataformas visuales contribuyen con frecuencia a difundir ideales poco realistas de belleza y pueden favorecer la insatisfacción corporal, la ansiedad o determinadas preocupaciones relacionadas con la alimentación.
Dentro de ese escenario, quienes valoran especialmente la autenticidad suelen sentirse más cómodos con versiones menos editadas de la realidad. Acostumbran a apreciar las respuestas honestas, incluso cuando son incómodas, y muestran una mayor tolerancia hacia las imperfecciones inevitables de la vida cotidiana.
Esa actitud también tiene sus límites. La búsqueda constante de lo auténtico puede transformarse en rigidez si se convierte en una norma absoluta. Después de todo, una cucharada de azúcar o un poco de leche no siempre encubren nada. A veces representan simplemente un pequeño placer en medio de una mañana complicada.
Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad.
No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.
Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar.
Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.
Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.












