Es evidente que la obesidad se está convirtiendo en un problema de salud pública cada vez más preocupante. Algunos trabajos científicos recientes advierten de que su prevalencia en 2035 va a superar el 30 % de la población mundial. Y este hecho es en sí mismo motivo de preocupación por las consecuencias para la salud física y mental de quienes la sufren.

Pero al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que es un problema de difícil solución ya que hablamos de una enfermedad crónica con probabilidad de recaídas derivada de interacciones complejas entre la genética, la neurobiología, las conductas alimentarias, el acceso a una alimentación saludable o el entorno socioeconómico. No se trata exclusivamente de comer menos y moverse más.

De hecho, no se puede aplicar una visión reduccionista y asegurar que no solo se resuelve con una modificación de los hábitos, también pueden ser necesarias terapias conductuales o nutricionales, fármacos contra la obesidad, la cirugía bariátrica o un uso combinado.

El problema de una pérdida de peso mal planificada

Y aún así siempre existen retos y barreras que superar. Un ejemplo de ello es lo que sucede con los medicamentos GLP-1, que regulan el apetito, aumentan la saciedad y estimulan la producción de insulina y que conducen a una pérdida de peso que en ocasiones no es todo lo saludable que debiera.

“La mayoría de los GLP-1 —me refiero a aquellos en los que se observa esta pérdida muscular masiva junto con la pérdida de peso— se utilizan sin entrenamiento de resistencia”, asegura Brad Schoenfeld, doctor en ciencias del ejercicio y uno de los expertos en entrenamiento de fuerza más reputados del mundo.

“Y, por cierto, cada vez que se sigue una dieta sin entrenamiento de resistencia, la bibliografía disponible indica que aproximadamente una cuarta parte de lo que se pierde corresponde a masa libre de grasa. Y uno de los problemas de los GLP-1 es que tienden a provocar una pérdida de peso mayor o más rápida”, añade el científico e investigador.

“Así que -prosigue- en lugar de perder un kilo a la semana, la pérdida de peso puede ser incluso del doble. Una pérdida de peso más rápida suele ir acompañada de una pérdida muscular más rápida. Así que eso es un problema”.

¿Cuáles son las claves para evitar este problema asociado? Pues según el experto tienen que ver con el entrenamiento y la dieta. “Si lo contrarrestas con entrenamiento de fuerza, no estoy convencido de que vaya a suponer un problema tan grave. Y otra cosa que diría es que se ha demostrado que un mayor consumo de proteínas durante la pérdida de grasa también ayuda a conservar más masa muscular”, concluye el doctor Schoenfeld.

El problema es que muchas personas que ingieren estos medicamentos también reducen su nivel de actividad física, como concluye una investigación presentada en ENDO 2026, el congreso anual de la Sociedad de Endocrinología.

“Aunque muchos dan por sentado que la pérdida de peso conduce de forma natural a un aumento de la actividad física, nuestro estudio sugiere lo contrario. Los resultados de nuestro estudio refuerzan la idea de que el ejercicio no puede ser opcional para las personas que toman estos medicamentos. Las personas necesitan intervenciones específicas que fomenten la actividad física junto con la medicación para la obesidad”, concluye la doctora Sajana Maharjan, principal investigadora del trabajo.

Así pues, incluso algunas soluciones pueden acabar derivando en un problema. Cualquier proceso de pérdida de peso que se inicie, independientemente de si es a través de fármacos, de mejora de hábitos o una combinación de ambos, debe ser saludable. Y eso pasa por mantener en la medida de lo posible la masa muscular.

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Álvaro Piqueras es experto en deportes y en el último lustro se ha especializado en fitness, nutrición y otros temas de salud. Trata de mantenerse al día en lo que se refiere a nuevas investigaciones y tendencias de los campos que domina para poder compartir con rigor la rutina de entrenamiento que puede inspirar un cambio en tus hábitos, las propiedades de los alimentos que deberían formar parte de tu dieta o los hallazgos científicos que pueden mejorar el bienestar físico y mental de personas como tú. 

 Comenzó su trayectoria en medios locales y regionales de la tierra de Don Quijote, concretamente en Albacete. De ahí dio el salto a medios de ámbito nacional tras un enriquecedor paso por una maravillosa agencia de publicidad independiente con nombre de canción de los Beatles (GettingBetter), aunque siempre mantuvo intacta su vocación periodística. 

 De ahí que persiguiera su sueño de trabajar para alguno de los principales grupos editoriales del país como Prisa, Vocento y ahora también Hearst. Quizá le hayas leído en la versión digital del Diario As, abordando infinidad de temáticas, o en ABC y otras cabeceras y revistas del grupo elaborando reportajes de branded content para grandes marcas, multinacionales e instituciones. Y si no has tenido la ocasión, este es el momento de hacerlo en Men’s Health y Runner’s World. 

 Como no podía ser de otra forma, confiesa ser un amante de la práctica deportiva y desde muy pequeño ha probado con disciplinas tan dispares como atletismo, fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo o natación. Unas veces sintiendo la adrenalina de la competición, y otras simplemente disfrutando de los beneficios de la actividad física. Ahora le ha dado por los ejercicios funcionales y el boxeo porque tiene la certeza de que el saco es incapaz de devolverle los golpes. 

 Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Alicante, también posee formación específica en gestión y dirección de RRSS, planificación estratégica y diseño gráfico. Últimamente se ha adentrado en el universo de la inteligencia artificial generativa aplicada al periodismo, pero jura y perjura que no la emplea profesionalmente porque, entre otras consideraciones, sigue disfrutando de cada palabra que escribe tras 20 años de experiencia en el sector de la comunicación.