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Cuando nuestros padres envejecen, comienza una etapa para la que no tenemos guion. Ser hijos cuando nuestros padres envejecen es una experiencia común, profunda y, sin embargo, poco pensada. Feliciano Villar, catedrático de Psicología del Desarrollo, lo explica en su nuevo libro 'Mis padres se hacen mayores'.
¿Cómo debemos afrontar el envejecimiento de nuestros padres, con qué actitud?
Hemos de pensar que envejecer es un proceso natural y inevitable. Hemos de pensar en nuestro padres no como un problema presente o futuro, sino como una fuente de enriquecimiento, personas que nos van a seguir aportando cosas en nuestra vida hasta el último día, y no sólo a nosotros, sino también a las generaciones más jóvenes.
Hemos de valorar aquello que puede ganarse a medida que pasan los años (sabiduría, equilibro emocional, perspectiva más global y matizada de la vida) e intentar aprovechar esas cualidad de nuestros padres, tratando también que ellos nos vean como alguien en quien confiar.
¿Cómo les ayudamos en su día a día?
Les ayudamos no tratándoles desde una perspectiva de declive y fragilidad, y no situándoles en una posición de inferioridad respecto a nosotros, sino de igualdad. Tanto hijos como padres mayores son adultos, y pueden hablarse cara a cara, con mayor sinceridad y autenticidad, sabiendo el vínculo que les une hace que unos quieran siempre lo mejor para los otros, y viceversa. Como hijos adultos, podemos hacer caso o no a lo que nos dicen o aconsejan nuestros padres, pero es bueno siempre pedir ese consejo y considerarlo seriamente, porque nos da una perspectiva valiosa. De manera similar, los padres mayores deberían también pedir consejo y ayuda a sus hijos cuando sea necesario.
Se trata de que nos acompañemos en el proceso de hacernos mayores (tanto ellos como nosotros), haciendo que la relación crezca y pueda profundizarse, sin la presencia de jerarquías tan marcadas como en el pasado. Se trata de intentar devolverles y agradecerles todo aquello que nos dieron, estando disponibles para ellos pero sin agobiar y sin tratar de sustituirles o tomar el control de su vida.
Si la necesidad de ayuda aparece de manera más clara (p.e. padres vulnerables, o dependientes), siempre hemos de consultar el punto de vista de la persona que recibe la ayuda, para saber hasta qué punto o como quiere que se la prestemos. No siempre los cuidados que a nosotros nos gustaría recibir son aquellos que desea tener la persona que tenemos a nuestro lado.
¿Cometemos el error de tratar a nuestros padres mayores como si fueran niños?
En ocasiones sí. Esto es porque concebimos el cuidado como una relación fundamentalmente asimétrica (oponemos el receptor de cuidados al proveedor de cuidados: mientras aquel debe dejarse cuidar pasivamente, este debe proporcionar los cuidados que crea que son necesarios). Por ello, cuando nuestros padres se hacen mayores y especialmente cuando les vemos frágiles, comenzamos a decidir por ellos, a tomar el mando de su vida, muchas veces sin consultarlo.
Al tratar a alguien como un niño, le negamos el control sobre su propia vida, y se corre el riesgo de profundizar en procesos de dependencia. Sin embargo, las personas mayores, incluso aquellas que tienen problemas de tipo cognitivo, no son niños. Son ciudadanos adultos de pleno derecho, personas con una historia vital larga y rica que no podemos ignorar. Nuestro papel no es tomar el control de la vida de nuestros padres (aunque lo hagamos ‘por su bien’), sino tratar de contribuir a que ellos sostengan el mayor tiempo posible el control que tienen sobre su propia vida, su autonomía y su independencia.
¿Cómo lo hacemos para reforzar su autonomía y autoestima?
Haciéndoles caso. Tomándoles en serio. Huyendo de posicionarles como dependientes, inútiles o inactivos. Valorando aquello que poseen y todo lo que pueden seguir aportando a nuestra vida. Ofreciéndoles un papel importante dentro de la familia (p.e. reforzando los vínculos intergeneracionales), acompañándoles y compartiendo actividades que puedan ser un disfrute para ellos y para nosotros. Se trata de priorizarlos en nuestra vida, de dedicarles no el tiempo de la basura, aquel nos sobra, sino un tiempo valioso y relevante.
Y si la ayuda es necesaria, se trata de que la proporcionemos de manera no invasiva, y siempre en la justa medida para que la persona no deje de hacer cosas que podría seguir haciendo.
¿Cómo podemos mejorar nuestra comunicación con ellos?
Se trata de no cortar esa comunicación y cultivarla. De hablar con ellos, y hablar en dos sentidos:
-Es muy importante conocer la perspectiva que nuestros padres tienen sobre la vida y sobre la época que les tocó vivir de niños y de jóvenes. Se trata de intentar conocerles, de ‘viajar en el tiempo’ con ellos para darse cuenta de quienes son en realidad, qué hicieron por nosotros, qué consiguieron en la vida, cuáles fueron sus desengaños o fracasos también. Y tratar esa información como algo extraordinariamente valioso, no sólo porque dice cosas sobre ellos, sino porque es también parte de nosotros mismos. Porque somos como somos gracias a nuestros padres.
-También es fundamental entablar con nuestros padres conversaciones banales, triviales, pero que refuerzan el vínculo y lo actualizan, que les hacen seguir estando vinculados con el mundo en el que viven. Hablar sus aficiones, de las noticias del día, de los chismes del vecindario… participar en esas conversaciones cotidianas (que a veces son escasas si la persona vive sola, por ejemplo) es fundamental para el bienestar cotidiano y una parte importante de tratarnos los unos a los otros como seres humanos, prestándonos atención.
Por desgracia, lo normal es que nuestros padres mayores desaparezcan antes que nosotros. Por ello hemos de valorar ese tiempo conjunto que podamos pasar. Llegará el momento en el que ya no estarán, y ser consciente de ello ha de hacer que saboreemos más el tiempo presente, la relación que mantenemos ahora.
Si nos interesamos genuinamente por ellos, sin jerarquías y de igual a igual, siendo conscientes de que han tenido una vida única y que una parte de ella está vinculada con nosotros y nuestro crecimiento, la comunicación fluye y las emociones se comparten.
¿Cuál debe ser el rol de nuestros mayores en nuestra vida y al revés?
En primer lugar, no me gusta demasiado la expresión ‘nuestros mayores’, que tiene un tono condescendiente que quizá deberíamos evitar.
Nuestros padres mayores han de ocupar una posición privilegiada en nuestra vida, debemos pedirles consejo y apoyo cuando lo necesitemos, y ofrecerle nuestra ayuda si la necesitan. Al mismo tiempo, respetar sus decisiones sobre su vida, aunque a veces quizá no las compartamos del todo. Son adultos.
Al mismo tiempo, hemos de pensar que las personas mayores son pertenecen a una especie diferente a la nuestra. Son como seremos nosotros dentro de unos años. Ver como envejecen nos puede servir de enseñanza y reflejo para modelar cómo nosotros mismos vamos a envejecer, o cómo nos gustaría hacerlo.
Roberto Cabezas es especialista en fitness, CrossFit, culturismo, material de entrenamiento, nutrición y suplementación deportiva en Men's Health España. Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información, en Madrid, siempre me ha gustado el deporte. Jugué al fútbol, practiqué karate, tenis y ahora soy un apasionado del pádel y entrenar en el gimnasio. Creo firmemente en que llevar una vida saludable, comiendo bien y haciendo ejercicio a diario, es fundamental tanto para el cuerpo como para nuestra salud mental. Y animo a combatir el estrés con el entrenamiento fitness mediante rutinas de ejercicios.
Uno de mis hobbies es comprar comida porque me encanta comer, sobre todo carne, pero también la fruta y los postres healthy. No me falta mi batido de proteínas diario y puestos a recomendar, prueba la crema de cacahuete con plátano, esta es una de muchas de las recomendaciones que puedes encontrar entre los contenidos de nutrición en los que escribo y trato temas como, la creatina, proteína whey entre otros.
En lo profesional, antes de formar parte de la Healthy Unit de Hearst Magazines, estuve casi 20 años en las revistas Teleindiscreta, TP y Supertele, de la misma compañía, donde aprendí a ser periodista. Antes pasé por una consultora económica y una web femenina. ¿Más aficiones? La lectura, la música, el cine, las series y jugar con mis hijos. ¡Vive y deja vivir!














