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Hay gente que entrena cinco días por semana, cuenta calorías, compra proteína de calidad y aun así sigue sintiéndose hinchado, pesado o con digestiones eternas. Y entonces aparece la pregunta: “¿Estoy comiendo demasiado… o simplemente no estoy digiriendo bien?”
Ahí es donde entran en juego las enzimas digestivas. Un concepto del que se habla poco, pero que tiene mucho más impacto en el rendimiento, la composición corporal y la sensación de bienestar de lo que la mayoría imagina. "Porque no basta con comer bien. También hay que ser capaz de aprovechar lo que comes", señala Sonia Lucena, psiconutricionista y técnico especialista en nutrición deportiva.
Piensa en el sistema digestivo como un equipo de demolición extremadamente preciso. Los alimentos llegan enteros, compactos y complejos, pero el cuerpo necesita desmontarlos en piezas pequeñas para poder utilizarlos. Las proteínas tienen que dividirse en aminoácidos, los carbohidratos en glucosa y las grasas en ácidos grasos. Y las encargadas de hacer ese trabajo son las enzimas digestivas.
Las proteasas ayudan a digerir proteínas, las lipasas se encargan de las grasas y las amilasas rompen los carbohidratos. Cada una tiene una misión concreta y todas trabajan para que el organismo pueda absorber nutrientes de forma eficiente.
¿El problema? Que cuando la digestión no funciona bien, el cuerpo tampoco funciona bien y eso tiene una relación mucho más directa con la pérdida de grasa de lo que parece.
Porque perder peso no consiste en “comer menos”, también depende de variables como la saciedad, la inflamación, la energía disponible, el estado hormonal e incluso la calidad del descanso.
Sonia Lucena, psiconutricionista: "Las enzimas digestivas tienen mucho más impacto en el rendimiento, la composición corporal y la sensación de bienestar de lo que la mayoría imagina"
Cuando los alimentos no se digieren correctamente, es habitual aparecer con síntomas como la hinchazón abdominal, gases, sensación de pesadez o fatiga después de comer. El cuerpo necesita más esfuerzo para procesar la comida y eso puede alterar incluso la relación con el hambre.
Además, una mala digestión puede hacer que algunas personas reduzcan de forma involuntaria la calidad de su alimentación. Empiezan a evitar ciertos alimentos porque “les sientan mal”, comen menos proteína porque les resulta pesada o eliminan grasas saludables porque sienten molestias digestivas y ahí empiezan los problemas y precisamente la proteína es uno de los nutrientes más importantes cuando el objetivo es perder grasa sin perder músculo.
Necesita más energía para digerirse, genera mayor saciedad y ayuda a mantener masa muscular durante un déficit calórico. Pero si las digestiones son malas, mucha gente termina consumiendo menos cantidad de la que realmente necesita. Aquí es donde las enzimas digestivas pueden tener sentido en determinados casos.
No son una pastilla mágica para adelgazar, no “queman grasa”, no aceleran el metabolismo de forma milagrosa, pero sí pueden ayudar a que el proceso digestivo sea más eficiente en personas con digestiones pesadas, molestias frecuentes o dificultad para tolerar ciertos alimentos.
Ahora bien, hay algo importante que casi nadie cuenta: las enzimas digestivas no funcionan de manera aislada, dependen muchísimo del estado general de tu cuerpo y de tus hábitos diarios. Es decir, antes de pensar en suplementos, merece mucho más la pena mejorar el entorno en el que tu sistema digestivo trabaja.
Y la buena noticia es que sí: la función enzimática puede mejorar muchísimo cuando regulas hábitos básicos, el cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación, cuando reduces inflamación, mejoras el descanso, comes mejor y bajas el nivel de estrés, la digestión suele responder relativamente rápido, muchas personas empiezan a notar menos hinchazón y digestiones más ligeras en apenas dos o tres semanas después de ordenar rutinas básicas.
El sistema digestivo se adapta constantemente a cómo vives, porque la digestión empieza mucho antes del estómago, empieza en el cerebro, cuando comes rápido, mirando el móvil, contestando emails o estresado, el cuerpo activa el modo alerta y en modo alerta no prioriza la digestión, prioriza sobrevivir. El sistema nervioso simpático, el famoso modo “lucha o huida”, reduce la producción de jugos gástricos y enzimas digestivas. Resultado: digestiones más lentas, más pesadez y peor absorción de nutrientes.
Por eso algo tan simple como comer sentado, sin prisas y masticando bien puede cambiar muchísimo más de lo que parece. Masticar no es un detalle menor. La digestión mecánica que ocurre en la boca reduce el trabajo posterior del estómago y además activa enzimas presentes en la saliva que empiezan a descomponer carbohidratos desde el primer bocado. Cuando comes en cinco minutos y prácticamente tragas la comida entera, obligas al sistema digestivo a trabajar el doble.
Dormir bien también juega un papel enorme, la falta de sueño altera la microbiota, aumenta inflamación y empeora la capacidad digestiva. Además, dormir poco suele ir acompañado de más estrés, peor control del apetito y más antojos de ultraprocesados.
El alcohol y los ultraprocesados son probablemente dos de los mayores enemigos silenciosos de las enzimas digestivas. El exceso de alcohol irrita el aparato digestivo y puede afectar tanto a la producción de ácido estomacal como al funcionamiento del páncreas, que es uno de los grandes productores de enzimas digestivas. Los ultraprocesados, por su parte, suelen alterar la microbiota y generar digestiones más pesadas y menos eficientes.
Pero hay otro factor del que se habla muchísimo menos y que tiene un impacto brutal sobre cómo digerimos: la salud emocional.
Cada vez sabemos más sobre la conexión entre cerebro y sistema digestivo. De hecho, el intestino y el cerebro están comunicándose constantemente. Por eso el estrés, la ansiedad o vivir permanentemente acelerado pueden traducirse directamente en hinchazón, reflujo, digestiones lentas o sensación de pesadez.
Cuando el cuerpo vive en tensión continua, aumenta el cortisol y el sistema digestivo deja de funcionar de forma eficiente. Se producen menos jugos gástricos, peor motilidad intestinal y menor capacidad para absorber nutrientes. Es decir: incluso comiendo bien, el cuerpo aprovecha peor lo que recibe.
Al final, perder grasa y construir un físico más atlético no depende únicamente de entrenar duro o recortar calorías. También depende de que el cuerpo sea capaz de utilizar correctamente los nutrientes que le das.
Roberto Cabezas es especialista en fitness, CrossFit, culturismo, material de entrenamiento, nutrición y suplementación deportiva en Men's Health España. Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información, en Madrid, siempre me ha gustado el deporte. Jugué al fútbol, practiqué karate, tenis y ahora soy un apasionado del pádel y entrenar en el gimnasio. Creo firmemente en que llevar una vida saludable, comiendo bien y haciendo ejercicio a diario, es fundamental tanto para el cuerpo como para nuestra salud mental. Y animo a combatir el estrés con el entrenamiento fitness mediante rutinas de ejercicios.
Uno de mis hobbies es comprar comida porque me encanta comer, sobre todo carne, pero también la fruta y los postres healthy. No me falta mi batido de proteínas diario y puestos a recomendar, prueba la crema de cacahuete con plátano, esta es una de muchas de las recomendaciones que puedes encontrar entre los contenidos de nutrición en los que escribo y trato temas como, la creatina, proteína whey entre otros.
En lo profesional, antes de formar parte de la Healthy Unit de Hearst Magazines, estuve casi 20 años en las revistas Teleindiscreta, TP y Supertele, de la misma compañía, donde aprendí a ser periodista. Antes pasé por una consultora económica y una web femenina. ¿Más aficiones? La lectura, la música, el cine, las series y jugar con mis hijos. ¡Vive y deja vivir!















