Reservar un vuelo suele ser una tarea sencilla. Elegir el asiento, en cambio, puede convertirse para algunas personas en una auténtica operación estratégica. Mientras unos aceptan sin más la plaza asignada por la aerolínea, otros estudian el mapa del avión con atención, comparan filas, evitan determinadas zonas y pagando el suplemento correspondiente para asegurarse el lugar que consideran ideal.

Los psicólogos han empezado a fijarse en este momento como una pequeña ventana hacia nuestra personalidad. La forma en que ocupamos el espacio, gestionamos la espera o reaccionamos ante la falta de control, ofrece pistas interesantes sobre quiénes somos y cómo nos enfrentamos a situaciones que nos sacan de nuestra rutina.

Viajar en avión implica depositar nuestra confianza en un sistema que no controlamos. No decidimos la ruta, la velocidad ni las condiciones meteorológicas. Quizá por eso un elemento tan aparentemente insignificante como el asiento adquiere tanta importancia para muchos pasajeros.

El asiento como refugio personal

Según explica el especialista en psicología del rendimiento Sam Wones, muchos rituales relacionados con los viajes nacen de una necesidad de reducir la ansiedad que provoca lo desconocido. Revisar varias veces la reserva, elegir siempre la misma fila o buscar un número concreto puede aportar una sensación de estabilidad.

La ventanilla suele ser la opción favorita de quienes valoran disponer de un pequeño territorio propio. Desde allí es posible controlar la persiana, apoyarse para descansar y crear una especie de burbuja personal durante el trayecto.

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Los expertos señalan que esta preferencia aparece con frecuencia en personas más reservadas, que aprecian los límites claros y disfrutan de momentos de desconexión. El asiento junto a la ventana ofrece una sensación de protección y de control que muchas personas encuentran reconfortante.

La libertad de quien elige el pasillo

La elección del pasillo responde a una lógica diferente. Para muchos pasajeros, la prioridad no es aislarse, sino conservar la libertad de movimiento. Poder levantarse sin pedir permiso, estirar las piernas o acceder con facilidad al baño genera una sensación de autonomía muy valorada.

Los psicólogos relacionan esta preferencia con perfiles más sociables y flexibles. Son personas que suelen tolerar mejor el paso constante de viajeros y tripulantes, así como las interrupciones inevitables que se producen durante el vuelo.

El pasillo también reduce la sensación de encierro que algunas personas experimentan dentro de la cabina. Mantener abiertas las posibilidades de movimiento ayuda a muchos viajeros a sentirse más tranquilos.

Existe, eso sí, una contrapartida evidente: menos privacidad y más probabilidades de que el descanso se vea interrumpido.

Entre ambos extremos queda el temido asiento central. Pocos lo escogen voluntariamente, aunque también ofrece información interesante sobre cómo gestionamos la convivencia y el espacio compartido. Los expertos observan que las pequeñas negociaciones cotidianas, desde compartir los reposabrazos hasta coordinar movimientos con los vecinos, revelan aspectos relacionados con la seguridad personal y la capacidad de adaptación.

Headshot of Juanjo Villalba

Juanjo es experto en cultura y lifestyle, con un foco especial en el impacto que internet y las redes sociales están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo. Por eso mismo, sus temas suelen tener también mucho que ver con cine, series, psicología, relaciones personales y sexualidad. 

No hay tendencia viral o reto en redes que se le pase por alto, aunque también está muy conectado con la actualidad literaria, repasando cada semana todas las novedades editoriales y seleccionando las que puedan resultar más interesantes para sus lectores.

Su gran pasión son las entrevistas, disfruta hablando con personas y conectando con ellas y tiene una curiosidad natural por aprender de las experiencias y perspectivas de los demás ya sea de un escritor, un psicólogo o cualquiera que tenga una historia que contar. 

Juanjo se licenció en Economía Internacional, aunque desde muy temprano en su carrera, por vocación personal, se dedicó a la divulgación y al periodismo, que con los años se convirtió en su profesión.

Juanjo lleva más de 15 años escribiendo en diferentes medios y fue Director editorial de Vice España, coordinando toda la producción de contenidos de la revista, desde cápsulas para redes sociales a documentales sobre ocultas subculturas urbanas de nuestro país. Tras su paso por Vice, se ha dedicado a escribir y su trabajo ha aparecido en medios como El País, El Periódico de España, ABC o Yorokobu, entre otros.